INDEPENDIENTES DEL PERÙ

Publicado el 15 de Febrero, 2008, 10:21

¿Cuanta agua queréis? Decidme cuanta, que yo os la llevo

(Dogma de fe de la planificación del agua desde la revolución industrial hasta finales del siglo XX)

15-02-2008 -

 

1Permitidme, estimados lectores, liberarme de la coraza de la experiencia profesional de más de vente años trabajando en el mundo del agua para expresar con absoluta franqueza i máxima transparencia de dónde venimos, dónde estamos i qué hace falta hacer para salirnos del atolladero donde nos encontramos. Creo que un boletín como el vuestro (“El Corriol"”) es un marco envidiable para ejercer este grado de libertad.

¿Y cuál es este atolladero? Muy simple: seis decretos de sequía desde el año 1990, lo que supone un ciclo de sequía cada tres años. La actual, iniciada con una reducción de la pluviometría durante el segundo semestre del 2004, ha situado los embalses de Cataluña en unos niveles preocupantes del 25% de agua almacenada, a solo 5 puntos porcentuales de lograr el nivel que obligará a restricciones en el ámbito urbano. Restricciones que haremos todo lo que esté en nuestras manos para que no desemboquen en cortes de agua en las ciudades, ya que se están articulando i ejecutando medidas paliativas y de contingencia que aportarán nuevos recursos mientras no llueva. 

Algunas de estas ya las conocéis a través de los grandes titulares de la prensa (barcos cisterna), otras, pese haber sido comunicadas a la prensa, no han sido objeto de titulares (recuperación de pozos, intensificación en la explotación de las aguas subterráneas); y otras más, sobre las cuales estamos trabajando sin hacer ruido ni aspavientos, serán anunciadas cuando toque. 

La recurrencia de los episodios de sequía en Cataluña es consecuencia de dos cuestiones: la primera tiene mucho que ver con el subtítulo del artículo i ha sido común denominador de las políticas de planificación del agua en Cataluña, en España y en Europa. Un modelo lineal de producción que creía inagotables los recursos naturales en base a la cual el agua era una materia prima más, como el carbón, la madera, el acero o la mano de obra de millones de trabajadores (¡¡lástima que la revolución del proletariado no hubiera contagiado el cambio histórico que supuso al mundo del agua!!). Hasta bien entrada  la segunda mitad del siglo XX la única política que regia la planificación del agua era la oferta. Aquí tenéis un ejemplo: cuando se instauró la Generalitat de Cataluña después de la muerte del dictador, sobre la mesa de quien entonces ejercía las competencias del agua en Cataluña (la Confederación Hidrográfica del Pirineo Oriental) había el proyecto redactado en el año 1974 por el MOPU y titulado “Acueducto Ebro-Pirineo Oriental” que planteaba el trasvase desde el río Ebro hacia Tarragona y Barcelona de 1.400 hm3/año. Para que os hagáis una idea de la magnitud que suponía este volumen, deciros que es el equivalente a multiplicar por dos la totalidad del consumo de todas las redes de abastecimiento urbano de Cataluña durante un año (750 hm3) ¡¡a fecha de hoy!!

Las consecuencias de esta gestión de la oferta, como si el agua fuera infinita, malogró la calidad de nuestros ríos y nuestras aguas subterráneas y aguas litorales. “Si se echa a perder nuestra agua, ningún problema, ya la traeremos de donde sea” postulaban satisfechos los estadistas de la época. Por suerte para todos, en Octubre del año 2000, justo al inicio del cambio de siglo, la Unión Europea aprobaba la Directiva Marco del Agua, normativa de obligado cumplimiento para los Estados que conforman la Unión y que establece un giro copernicano y radical en la gestión del agua en nuestro continente: el agua no es un recurso infinito, no es un bien comercial, sino una parte indisociable del medio ambiente y, por lo tanto, hace falta preservarla en el medio con calidad. Y la calidad es cantidad, y hace falta usarla eficientemente a partir de políticas de gestión de la demanda y con una plena implicación de la ciudadanía mediante procesos de participación que incidan en las planificaciones del agua por parte de los Estados. En resumen, la Directiva entierra un modelo predador del agua, la eleva a la categoría de elemento vital para los ecosistemas y democratiza la gestión esclerótica de los entes administrativos. Por eso comentaba anteriormente que ojalá esta revolución que ha supuesto la Directiva Marco del Agua hubiera llegado con la del proletariado. 

La segunda cuestión tiene que ver con algo específico de Cataluña: la tacañería política basada en esconder la cabeza bajo el ala y entender que el agua no es un problema de país, de estructura territorial, de modelo de desarrollo, sino un problema que tiene que resolver la administración del agua, es decir, la Agencia Catalana del Agua. ¿Queréis un ejemplo? Esto que llamamos sistema Ter-Llobregat, es decir, el ámbito satisfecho por las aguas superficiales de los ríos Ter y Llobregat y donde vive el 82% de la población de toda Cataluña (regiones metropolitanas de Barcelona, Girona, Maresme, Costa Brava) ha aumentado en más de dos millones la población desde que se trasvaso el Ter en el año 1966. ¿Qué se ha hecho desde el 1966 hasta ahora para satisfacer las demandas de 2 millones de personas y las actividades económicas desarrolladas? Qué agua se ha puesto a disposición? El embalse de La Baells en el año 1976 y el de la Llosa del Cavall el año 2001. Con estos embalses la cuenca del Llobregat ha incrementado un 20% más la capacidad de regulación o, dicho de otra manera, ha ganado la aportación de una garantía adicional de agua equivalente a 60 hm3, 60 días del consumo de la Región Metropolitana de Barcelona. Es decir, en 40 años (1966-2006), con 2 millones más de personas, ¡¡sólo hemos sabido aportar 60 días de consumo!!.

Venimos, entonces, de donde venimos y por eso estamos donde estamos. Pero el rumbo ha cambiado, y el actual gobierno de la Generalitat ha entendido que Cataluña no tiene que abrazar  la Directiva Marco del Agua por obligado cumplimiento (es curioso, pero el Gobierno del Partido Popular, en base a la dicha directiva planteó el trasvase del Ebro), sino por convencimiento, y apuesta claramente por un modelo de gestión del agua basado en la suma integral de soluciones: la eficiencia en el uso del agua, es decir, misma producción con menor dotación de agua ( en casa, en el campo, en la industria). La reutilización del agua depurada para, debidamente tratada, destinarla a usos industriales, agrícolas, municipales, lúdicos i ambientales (recarga de acuíferos y cabales ambientales). La recuperación y descontaminación de las aguas subterráneas, sometidas a decenios de contaminación y sobreexplotación continuadas. La interconexión de las redes de abastecimiento municipal que permiten la flexibilización y la optimización de los recursos disponibles. El saneamiento como pieza clave para disponer de agua en calidad en los ríos (tarea en la que Catalunya ha sido pionera gracias al empuje de hombres como el Consejero Albert Vilalta). Finalmente, la aportación de la desalinización del agua marina como garantía para el futuro.

Todo este sumatorio integral de soluciones ya disponía de actuaciones en ejecución, adjudicadas pendientes de licitación y previstas de licitar, de manera que a partir del 2008 Cataluña empezará a disponer de 180 hm3/año de agua que, en el horizonte 2015, llegarán hasta 300 hm3 lo que permitirá planificar con absoluta tranquilidad (un ciclo de sequía cada 50 años) hasta más allá del 2025, momento en que seremos unos 9 millones de habitantes. Llegados a este punto, solo falta una pequeña cosa y que, cuando queráis, la hablamos: aproximar el precio del agua a su coste. A ver si el gobierno de la Generalitat, como administración usuaria del agua, nos puede ayudar mediante la aportación proveniente de la disposición adicional tercera del Estatuto de Autonomía de Cataluña. Ha pasado el 2007 y esperemos que continúe este año y hasta el 2013.

Gabriel Borràs

Director del Área de Planificación para el Uso Sostenible del Agua (Agencia Catalana del Agua)


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