Se abre la sesión a las once y cinco minutos de la mañana.
El
señor PRESIDENTE: Buenos días. Va a dar comienzo esta Comisión de
Asuntos Exteriores con el único punto del orden del día, que es la
celebración de la comparecencia, a petición propia, del ministro de
Asuntos Exteriores y de Cooperación para informar sobre los sucesos que
tuvieron lugar del 11 al 14 de abril de 2002 en Venezuela. A tales
efectos, le doy la palabra al señor ministro de Asuntos Exteriores y de
Cooperación.
El señor MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES Y COOPERACIÓN (Moratinos Cuyaubé): Buenos días, señorías.
El
objetivo de esta comparecencia, que el Gobierno ha solicitado a
petición propia, es establecer si faltaron a la verdad las afirmaciones
que realicé el pasado lunes 22 de noviembre en el programa 59 segundos
de Televisión Española, en La 1, sobre los sucesos ocurridos en
Venezuela del 11 al 14 de abril de 2002
Espero en esta
comparecencia aclarar todos aquellos aspectos e interrogantes
relacionados con mis afirmaciones, lo que lógicamente no es posible
hacer en 59 segundos. Soy perfectamente consciente de la importancia
política que tiene demostrar su veracidad. Este país, señorías, no está
dispuesto a consentir nunca más que sus gobernantes le mientan y yo he
venido hoy aquí a decir la verdad. Han distribuido en sala fotocopia de
la transcripción de mis palabras en el programa 59 segundos en relación
con Venezuela. Sus señorías pueden consultarla. Mis afirmaciones fueron
las siguientes? (Rumores.)
El señor PRESIDENTE: Me permite una
interrupción, señor ministro. Aparte de la sorpresa del presidente de
la Comisión, veo también caras de sorpresa en otros miembros de la
Comisión, porque está haciendo usted referencia a un escrito que me da
la sensación que ninguno de los miembros tiene.
El señor
MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES Y DE COOPERACIÓN (Moratinos Cuyaubé):
Entonces la transcripción la leeré yo. En primer lugar, mis
afirmaciones fueron las siguientes: Que hubo un golpe de Estado en
Venezuela, que el embajador español recibió instrucciones del Gobierno
y, en tercer lugar, que el objetivo de estas instrucciones o, mejor
dicho, para evitar juicios de intención, que el efecto de la ejecución
de esas instrucciones y de otras actuaciones fue apoyar el golpe. En
ningún momento acusé al anterior Gobierno español de instigar o
participar en la preparación y ejecución del golpe de Estado. Mis
palabras deben entenderse en el sentido de que por apoyar quise -y
quiero- decir que no condenó el golpe de Estado, que lo endosó y que le
ofreció legitimidad internacional. (Varios señores diputados: ¡Ah, ah!)
Pasaré a demostrar la veracidad de cada una de estas
afirmaciones. Toda la información que voy a utilizar procede
exclusivamente de los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores y
de Cooperación, de las hemerotecas y del "Diario de Sesiones" de esta
Cámara. Señorías, como ustedes saben, existen otras informaciones
públicas de fuentes distintas, pero mis afirmaciones se ciñeron a los
tres puntos antes señalados y, especialmente, a las instrucciones del
anterior Gobierno español. Es por eso que mis explicaciones se
fundamentarán en documentos exclusivamente españoles. Lo exige además
mi sentido de Estado y espero que ese mismo sentido de Estado sea
compartido por sus señorías. Asimismo, me he entrevistado con el
entonces embajador de España en Caracas, señor Viturro de la Torre,
cuya versión de lo acaecido aquellos días he escuchado con atención.
Estoy seguro de que el embajador Viturro actuó siempre convencido de
que las instrucciones que recibió no eran contrarias a su conciencia y
desempeñó sus funciones con celo profesional, con extraordinario celo
profesional. Tal vez podríamos obviar la cuestión de demostrar que en
Venezuela hubo un golpe de Estado, porque existe casi un consenso
generalizado entre todas las fuerzas políticas españolas de que en
Venezuela se produjo un golpe de Estado el 12 y 13 de abril del año
2002.
El entonces ministro de Asuntos Exteriores, señor Piqué,
en declaraciones a Radio Nacional de España el 14 de abril de 2002
señaló que no se podía distinguir entre golpes de Estado buenos y
malos. El portavoz de Asuntos Exteriores del Partido Popular en esta
Comisión, Gustavo De Arístegui, en un primer artículo en El Mundo ese
14 de abril había considerado que la revuelta popular -y cito- del
jueves abre una puerta a la esperanza y saludaba con optimismo al
presidente provisional Carmona. No dudaba, tras su fracaso, de
calificar lo ocurrido de golpe cívico militar en otro artículo
publicado cuatro días más tarde en el mismo diario. Sin embargo, no
podemos obviarlo, porque es importante demostrar que el calificativo de
golpe de Estado es exacto jurídica y políticamente. Es exacto para
designar el pronunciamiento de Pedro Carmona como presidente de la
Junta Cívico Militar en la madrugada del día 12 de abril de 2002 y
exacto también para calificar el llamado decretazo o acta de
constitución del Gobierno de transición democrática y unidad nacional
por el que se designaba a Pedro Carmona Estanga en la tarde de ese
mismo día, 12 de abril de 2002, presidente de la República de
Venezuela. Efectivamente, como señaló el ministro Piqué, no hay golpes
de Estado buenos y malos, afirmación que comparto plenamente.
Señorías,
el anterior Gobierno español dio correctamente ese calificativo de
golpe de Estado a lo ocurrido después de los hechos, cuando se
restableció la legalidad constitucional el día 14 de abril en
Venezuela, pero lo que es cierto es que no utilizó esa calificación de
golpe de Estado públicamente ni el día 12 ni el día 13 ni en la
declaración conjunta ni en la declaración que hizo como Presidencia de
turno de la Unión Europea. El anterior Gobierno interpretó públicamente
lo que estaba sucediendo en Venezuela, es decir, el golpe de Estado,
como un vacío de poder para que pudiese encajar en las previsiones del
artículo 350 de la Constitución venezolana y transformar un golpe de
Estado malo en un traspaso de poderes provisional bueno, dentro de los
marcos legales constitucionales, tras lo cual el régimen golpista de
Carmona podría ser reconocido internacionalmente.
Vayamos a
los hechos. Efectivamente, en un telegrama fechado el día 8 de abril el
embajador Viturro informaba que -y cito- la Confederación de
Trabajadores de Venezuela anuncia con apoyo patronal paro mañana martes
día 9, que podría llegar a ser indefinido. Entretanto, existe riesgo
algunos sectores oposición intenten aprovechar situación para una vez
más incitar a Ejército a derrocar presidente Chávez. Por otra parte
-continuaba señalando-, que exclusión definitiva vía diálogo y despidos
se están realizando ha radicalizado actitud oposición sindicatos y
empresarios que pretenden aprovechar esta ocasión para dar golpe
definitivo a presidente Chávez. Igualmente -señalaba-, circulan rumores
distintos sectores oposición vinculados preferentemente a Bandera Roja
están recibiendo algún tipo de armas para generar en momento y lugar
adecuados -se menciona Universidad Central Venezuela Caracas- situación
caos que pudiera llevar en intención citados grupos a intervención
Ejército, Tierra, Armada y más dividido Aire para restablecer
tranquilidad y llegado el caso establecer Junta patriótica, que
contaría por primera vez con apoyo totalidad partidos oposición.
Termino citación.
Al día siguiente, día 9, una vez iniciado el
paro convocado por la Confederación de Trabajadores de Venezuela, el
embajador vuelve a informar -y cito-: Los rumores de golpe de Estado
militar? -y continua- y se ha confirmado presencia en Caracas del
general Enrique Medina Gómez, destinado en Washington, como
representante de Venezuela en el Comité militar OEA, que goza de gran
prestigio entre Fuerzas Armadas y que se dice podría liderar golpe
cívico militar en unión de Efraín Vázquez Velasco, comandante del
Ejército de Tierra. El embajador concluía subrayando que intervenciones
oficialistas no se recatan en manifestar que no se trata de una huelga
con reivindicaciones laborales o de otro tipo, sino de un intento de
desestabilizar Gobierno y provocar anticonstitucionalmente salida
presidente Chávez.
Cierro citación del telegrama. Es decir, ese
mismo día 9 el Gobierno ya había sido advertido por el embajador que se
podría estar gestando un golpe cívico-militar para provocar -repito
parte del telegrama- anticonstitucionalmente salida del presidente
Chávez.
En un tono cada vez más acuciante, el embajador
Viturro siguió informando con celo profesional en idénticos términos a
lo largo de los días 10 y 11 y a la una de la madrugada del día 12,
después de que se confirmara una veintena de muertos en las
inmediaciones del Palacio Presidencial y se difundieran imágenes de los
francotiradores apostados que supuestamente habían disparado, envió uno
de sus telegramas más elocuentes, en el que concluía, y cito:
Estrategia oposición dirigida a conseguir salida presidente Chávez a
través presión ejército está dando, pues, resultado. Confederación
Trabajadores Venezuela, Patronal, aprovecharon conflictos petróleo de
Venezuela, Sociedad Anónima, PDVSA, para conseguir movilización masiva
población caraqueña, que por su parte -cierra cita-, y quiero ahora
llamar la atención de SS.SS. sobre la siguiente frase, que continúa:
puso ayer tarde muertos necesarios para provocar intervención ejército,
única fuerza en este país frente a debilidad partidos políticos
oposición, capaz de poner fin al Gobierno del presidente Chávez.
Repito: puso ayer tarde muertos necesarios para provocar intervención
ejército, única fuerza en este país frente a debilidad partidos
políticos oposición, capaz de poner fin al Gobierno del presidente
Chávez. Y así fue. De nuevo el embajador Viturro explicaba en la
madrugada hora de Caracas del día 12 de abril el pronunciamiento de la
Junta Cívico Militar presidida por Carmona. Cito: Presidente Carmona,
rodeado de militares, habían conseguido renuncia ex presidente Chávez,
anunció desde el Cuartel General Ejército Tierra fin paro nacional
indefinido y llamó a pueblo venezolano a reanudar actividades vida
normal en la más absoluta calma. Durante negociación con ex presidente
Chávez se acordó que éste decretaría previamente destitución su equipo
ministerial y especialmente vicepresidente República, quien está
constitucionalmente llamado a suceder al presidente República en caso
acefalía del Estado. Sólo tras firma dicho documento, se procedió a que
presidente Chávez firmara su renuncia. De esta forma, repito, de esta
forma se pretende cubrir jurídicamente cambios se están produciendo.
Legitimidad Junta Cívico Militar nombró a Pedro Carmona presidente
Gobierno provisional. Vendría dada en artículo 350 esta Constitución.
Cierro cita.
Señorías, este telegrama informa perfectamente,
sin ambigüedad ni confusión posible, de la trama jurídico-política del
golpe de Estado. Repito y reitero lo que dice el telegrama: De esta
forma se pretende cubrir jurídicamente cambios se están produciendo.
En
ese mismo telegrama, el embajador Viturro explicaba el contenido del
artículo 233 de la Constitución, aunque de manera parcial, al olvidar
que éste también exigía que dimitiesen el presidente y vicepresidente
de la Asamblea Nacional, dando simplemente por buenas las palabras de
los golpistas de que el presidente Hugo Chávez había dimitido tras
cesar ante su vicepresidente, oculto para protegerse, y a todo su
Gobierno. No señaló sin embargo que el artículo 233 de la Constitución
exigía que además dimitiesen el presidente y el vicepresidente de la
Asamblea Nacional. Como sabemos todos, los documentos de renuncia del
presidente Hugo Chávez y el decreto de cese de su vicepresidente y
Gobierno jamás fueron mostrados públicamente por la Junta
Cívico-Militar, y ni han aparecido después. Pero insisto: aunque eso
hubiera ocurrido, el artículo 233 exigía también que dimitiesen de sus
responsabilidades el presidente y el vicepresidente de la Asamblea
Nacional, y les aseguro que tanto nuestra Embajada en Caracas como
nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid existían copias de
la Constitución venezolana de 1999. No sé si se han distribuido también
-pido excusas- copias de estos artículos de la Constitución venezolana.
No cabía, por lo tanto, siguiendo las informaciones del propio
embajador, y con la Constitución venezolana en la mano, malentendido
alguno. Aquello era un golpe de Estado.
Mientras tanto, en
Madrid, el entonces secretario de Estado de Cooperación Iberoamericana,
Miguel Ángel Cortés, según declaraciones propias que recoge el diario
El País en su edición de 24 de noviembre de 2004, y amplía la del 25 de
noviembre, inició contactos para hacer pública la declaración conjunta
sobre Venezuela que les he distribuido. Incluso ha trascendido, a
través de declaraciones públicas de altos funcionarios que participaron
en la elaboración del texto, que la iniciativa de la declaración
conjunta partió del Gobierno español. En dicha declaración se
manifestaba el rechazo a los actos de violencia y se pedía su cese, se
expresaba el deseo de una normalización democrática plena, la
consolidación de las instituciones democráticas con ayuda de la
Organización de Estados Americanos y la convicción de que sólo un marco
democrático estable puede ofrecer un futuro de libertad y progreso al
pueblo venezolano.
Dicha declaración conjunta fue distribuida
después del pronunciamiento de la Junta Cívico-Militar y la detención
por los militares golpistas del presidente constitucional de Venezuela
Hugo Chávez en la madrugada del día 12. Pero antes de que Carmona y la
junta golpista emitiesen el llamado decretazo, designando a Carmona
presidente provisional y estableciendo un Gobierno provisional en
abierta violación del orden constitucional.
¿Por qué era tan
importante esta declaración? Ante todo, porque ponía en cuestión que el
Gobierno del presidente Chávez fuese capaz de asegurar un marco
democrático estable, la plena garantía de los derechos y libertades
fundamentales, el orden público y la seguridad ciudadana. Todos ellos
elementos extraídos precisamente del artículo 350 de la Constitución
venezolana del 99, en el que se afirma textualmente que, cito: El
pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la
independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen,
legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y
garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos.
Este
artículo 350 es clave, como acertadamente había informado antes el
embajador Viturro, porque la legitimidad de la Junta Cívico-Militar
sólo podría sustentarse en él, para a continuación aplicar el artículo
233 y producir así una transición de poderes en el marco
constitucional, porque la Constitución de Venezuela del 99 simplemente
no contempla la posibilidad de vacío de poder, y por eso exige la
renuncia en cadena de hasta cuatro autoridades del Estado.
Señorías,
recordemos para dar continuidad a la línea argumental que el anterior
Gobierno de España sabía que el fundamento jurídico del golpe de Estado
se basaba en el artículo 350 de la Constitución venezolana y que
cualquier posicionamiento internacional de España o de la Unión Europea
daría amparo internacional a las pretensiones de los golpistas.
Además
eran fundamentales porque la Carta Democrática Interamericana, aprobada
por la OEA el 11 de septiembre de 2001 en Lima, que España ha hecho
suya hacía imposible que los Estados miembros pudieran reconocer un
Gobierno surgido de un golpe de Estado, haciendo imposible invocar la
doctrina Estrada. De hecho el embajador y el Gobierno español ni
siquiera se atrevió a invocarla porque sabía que estaba sometida a su
aprobación de la Carta Democrática Interamericana de la OEA. Si la
junta provisional golpista quería ser reconocida por la OEA tenía que
argumentar jurídicamente que se había producido un traspaso de poderes
constitucional y no un golpe de Estado. Como sabemos tras intensos
debates, que comenzaron el día 13 de abril, el Consejo Permanente de la
Organización de Estados Americanos en sesión extraordinaria acabaría
condenando sin ambages el golpe de Estado. Mientras tanto nuestra
embajada en la OEA, que tiene estatuto de observadora, remitió
inmediatamente al secretario general Gaviria copia, tras hacerse
pública de la declaración como presidencia de la Unión Europea emitida
por el anterior Gobierno español en la que se hacía un reconocimiento
implícito del Gobierno provisional golpista.
El ministro
Piqué, según telegrama de nuestra embajada en la OEA fechado el día 13,
habló por teléfono con Gaviria sobre la conveniencia de retrasar la
reunión extraordinaria del Consejo Permanente a la espera de los
resultados de la Cumbre del Grupo de Río que se reunía en San José de
Costa Rica y cito: Evitar asistencia del todavía representante
permanente de Venezuela embajador Jorge Valero, cuya presencia podría
producir situación tensa. Quiero subrayar que también el Grupo de Río
condenó sin paliativos el golpe de Estado el mismo día 12 de abril y
que dicha decisión fue adoptada por los jefes de Estado de los 19
países latinoamericanos antes del decretazo. Asimismo el Gobierno de
Chile cesó a su embajador en Caracas como consecuencia de sus
declaraciones de apoyo a Carmona después del decretazo. Además, cuatro
países a los que se solicitó que se sumasen su firma a la declaración
conjunta se negaron, estamos hablando de México, Brasil, Argentina y
Francia. El entonces canciller mexicano Jorge Castañeda, que no era
precisamente un admirador de Chávez, ha afirmado públicamente que hubo
?y cito- el intento de buscar una declaración que de alguna manera
apoyara, sancionara, avalara el golpe de Estado y reconociera el nuevo
Gobierno. Es una declaración que no procede de un observador distante,
sino del ministro de Asuntos Exteriores de un país que había sido
invitado a sumarse a la declaración. Estas afirmaciones las recoge El
País en su edición de 27 de noviembre último.
El Ministerio de
Asuntos Exteriores español conoció la promulgación del decretazo y la
ruptura de cualquier atisbo de legalidad constitucional con
posterioridad a que se hiciera pública la declaración conjunta que
instaba a los golpistas a preservar las apariencias de legalidad rotas.
Por ello dio instrucciones al embajador Viturro para que se
entrevistase con el autoproclamado presidente Carmona y le subrayara la
importancia de mantener la apariencia de legalidad constitucional,
condición imprescindible para su reconocimiento internacional. Ese
telegrama del embajador Viturro, fechado el mismo día 13 de abril,
comienza con cuatro palabras y cito: Siguiendo instrucciones VE,
vuecencia o vuestra excelencia, repito, siguiendo instrucciones VE. Y
continúa: Fuimos recibidos por el presidente del Gobierno provisional,
Pedro Carmona, y por el ministro de Asuntos Exteriores José Rodríguez
Iturbe. Desde el primer momento puntualizábamos que se trataba de una
gestión de representantes de dos países amigos de Venezuela que por su
parte se consideran amigos del señor Carmona y que la gestión no tenía
por objeto inmiscuirnos en asuntos internos, cierro citación.
Señorías,
antes de continuar con la descripción de lo que ocurrió en esa
entrevista, la primera que concedió a representantes extranjeros el
golpista presidente provisional Carmona tras su destinación por los 50
firmantes del decretazo, permítanme SS.SS. recapitular hasta dónde
hemos llegado en la exposición de los hechos. Primero, en Venezuela
hubo un golpe de Estado el día 12 con el pronunciamiento de la junta
cívico militar que detuvo al presidente Chávez y a los miembros de su
Gobierno. Segundo, este golpe basaba su legitimidad en el artículo 350
de la Constitución que he leído antes y en la veintena de muertos
asesinados por francotiradores. Tercero, la junta cívico militar
anunció que el presidente Chávez había renunciado a su cargo y que el
vicepresidente había abandonado su cargo, sin embargo, no presentó
documento alguno que lo probara. El embajador Viturro envió la versión
de los militares golpistas a Madrid sin contrastarla. Cuarto, a partir
de la condena sin paliativos del Grupo de Río del día 12 al Gobierno
español sólo le quedaban dos opciones, o sumarse a la condena de los
países más importantes de América Latina, o adoptar otra posición.
Quinto, de acuerdo con el artículo 233 de la Constitución bolivariana
la jefatura del Estado correspondía en esta situación al presidente de
la Asamblea Nacional. Éste y su vicepresidente se opusieron al golpe de
Estado y no dimitieron. Es en esas circunstancias cuando la junta
cívico militar decide firmar el decretazo y disolver la Asamblea
Nacional quitándose así cualquier disfraz de legalidad constitucional y
colocándose fuera de la Carta Democrática Interamericana. Si hasta ese
momento se podía hacer una interpretación, por forzada que fuera,
comprensiva de los hechos u alegar un supuesto vacío de poder no cabe
duda alguna que tras el decretazo esta interpretación sólo podría
repugnar a la razón.
Señorías, volvamos ahora tras esta
recapitulación a la entrevista del embajador de España con Pedro
Carmona Estanga presidente provisional golpista tras el decretazo. El
embajador Viturro que se entrevista con el golpista Carmona siguiendo
instrucciones, reitero, siguiendo instrucciones mientras el presidente
constitucional Chávez está retenido por las fuerzas golpistas informa a
Madrid y cito: La conversación, que se desarrolló en un ambiente
distendido y cordialidad, nos permitió incluso subrayar nuestra
sorpresa a la disolución de la asamblea y que actitudes como esa podían
hacer difícil que pudiésemos en el futuro expresar nuestra amista hacia
él y nuestra comprensión hacia el anunciado proceso de consolidación de
las instituciones democráticas en Venezuela. (El señor Arístegui y San
Román: Y eso es ser golpista.- Rumores.) Me permito aquí subrayar ese
insólito en el futuro porque previamente el embajador Viturro había
expresado a Carmona según su telegrama ?y cito- nuestra sorpresa por
alguna de las medidas de este decreto que contradecían expresiones que
el presidente Carmona había hecho al asumir mandato provisional en la
noche anterior, en el sentido que se respetaría al máximo legalidad
vigente. Cabría pensar que el anterior Gobierno de España había actuado
de buena fe desde la madrugada del día 12 cuando se produce el
pronunciamiento cívico militar hasta el decretazo. Sin embargo, los
hechos antes relatados demuestran que el Gobierno anterior cometió un
grave error de apreciación y de gestión diplomática de esta crisis. Las
gestiones posteriores del ministro Piqué y del secretario de Estado
Miguel Angel Cortés y las instrucciones que se impartieron oralmente, y
de las que el embajador Viturro acusó recibo, tuvieron lugar sabiendo
que se trataba de un golpe de Estado y participando en la articulación
de su reconocimiento internacional. Pero además hay un elemento
adicional aún más revelador. El día 12 bajo su exclusiva
responsabilidad como presidencia de la Unión Europea el Gobierno
español hizo público una declaración que citaré a SS.SS. y que también
ha sido distribuida.
En su último punto decía, traducido al
castellano del original inglés: Finalmente, la Unión Europea confía que
el Gobierno provisional ?insisto, Gobierno provisional- no ya la Junta
Cívico Militar, respetará los valores e instituciones democráticas con
el objetivo de superar la actual crisis en un marco de concordia
nacional y respetando plenamente los derechos y libertades
fundamentales. Señorías, el objetivo de la entrevista del embajador con
el señor Carmona era insistir en que el decretazo había violado
precisamente los valores e instituciones democráticas y no cabía la
menor duda que no respetaba los derechos y libertades fundamentales del
presidente constitucional Hugo Chávez y de los miembros de su Gobierno
a los que retenía por la fuerza. El embajador Viturro finaliza el
informe de su entrevista con el señor Carmona así: Insisto en subrayar
la cordialidad y franqueza con que se desarrolló toda la conversación
en la que los hechos y opiniones fueron expuestos sin paños calientes y
que, tanto mi colega como yo, coincidimos en la percepción de que los
propósitos de nuestros interlocutores eran sinceros. Cierro cita.
Sobran comentarios.
Para evitar que exista y que persista la
menor duda permítanme SS. SS. llegar a las mismas conclusiones por
otras vías. De nuevo, ¿le podía caber al embajador Viturro y al
Gobierno español alguna duda de que el autoproclamado presidente
Carmona estaba fuera de la legalidad? Difícilmente. En cualquier caso,
toda posible justificación desaparece entrado el día 13. En ese día 13
el embajador Viturro advirtió en un informe que la fiscal del
Ministerio Público venezolano y directora de derechos fundamentales del
citado organismo se había personado el día 12 en Fuerte Tiuna, base
militar donde estaba retenido Chávez. Solicitó verle y exigió
constancia escrita expresa de su renuncia como presidente y que ambas
peticiones le habían sido denegadas. En el mismo informe enviado por
telegrama el embajador Viturro añadía que la ONG de derechos humanos,
Provea, había exigido la expulsión de Venezuela como miembro de la OEA
por el golpe de Estado, que el presidente de la Federación
Iberoamericana del Ombudsman había anunciado que elevaría una denuncia
ante la Comisión de Derechos humanos en Ginebra, el siguiente 18 de
abril, por las violaciones de los derechos fundamentales que estaban
cometiendo los golpistas y que también habían denunciado el golpe de
Estado el fiscal general de la República y el Defensor del Pueblo,
mientras que los documentos de renuncia exigibles por el artículo 233
seguían sin aparecer. A pesar de todo ello, el Gobierno español siguió
insistiendo en su línea de actuación. El entonces presidente José María
Aznar atendió la llamada telefónica que le hizo Carmona, como confirmó
él mismo en esta Cámara en respuesta al señor Llamazares el 17 de abril
de 2002. El presidente del Gobierno español, insisto, no podía ignorar
que estaba hablando por teléfono con un golpista porque así lo había
informado el embajador de España en Venezuela. El embajador continuó
informando. Ese mismo día 13 de abril advierte ya que los tres
francotiradores detenidos tras los asesinatos del jueves pertenecían a
la policía metropolitana de Caracas, a la policía del municipio de
Baruta y a la policía del municipio de Chacao, curiosamente, advierte
el embajador, todos ellos controlados por partidos opositores al
Gobierno Chávez. Añade además, número de militares apoyan
restablecimiento Constitución 1999 es más numeroso del que se cree y
pidiendo calma a población afirmaron si iban a restablecer situación en
próximas horas. Termino cita. De hecho, efectivamente, la normalidad
institucional se restablecería pocas horas después, acabando con el
golpe cívico-militar encabezado por Carmona. Carmona se dirigió al país
el mismo día 13 por la noche para reconocer la asunción de la
Presidencia por el vicepresidente constitucional Cabello, de acuerdo
con artículo 233 de la Constitución Venezuela, que Carmona
evidentemente sí conocía y no había ignorado como otros. Con la
evidente intención de preparar su defensa posterior y mantener hasta el
último momento la ficción de que había actuado, de acuerdo con el
artículo 350 de la Constitución, hizo entrega de su cargo como
presidente golpista paradójicamente a la misma Asamblea Nacional que
había disuelto cuando ni su presidente ni su vicepresidente habían
dimitido. El día 14 el diario, Ultima Noticia de Caracas, publicaba en
portada un texto manuscrito del presidente Chávez firmado el día 13 en
el que aseguraba que en ningún momento había renunciado a su cargo como
presidente constitucional de Venezuela. Preguntado el entonces
secretario de Estado, director del Centro Nacional de Inteligencia,
Jorge Dezcallar, en una entrevista publicada por El País, el 28 de
abril de 2002, si, hablando de eficacia, ¿se enteró previamente el
CESID de la crisis que se estaba preparando en Venezuela? El señor
Dezcallar responde: Tuvimos una información bastante buena. Se supone
que iba a ser más tarde y todo se precipitó. Aquello tuvo altos y
bajos. Ni los propios actores sabían cómo iba a terminar, que la
situación se estaba degradando y se descontroló en un momento
determinado. Sí, estuvimos en condiciones de saberlo. Tenemos un
servicio que es bueno en aquello de lo que sabemos. Cierro cita de la
entrevista del señor Dezcallar. (Rumores.)
Señorías, el propio
embajador Viturro al hacer balance de lo sucedido en un telegrama del
día 16 de abril del 2002 decía, y abro cita: Citado Gobierno nació
ilegalmente. Repito, según el propio embajador, citado Gobierno nació
ilegalmente. Si bien es cierto que artículo 350 Constitución 99 permite
y justifica derecho de rebelión frente a autoridad establecida, esa
misma Constitución establece que Presidencia República debe recaer en
vicepresidente y por interpretación analógica en presidente Asamblea
Nacional en caso ausencia áquel. Autoridad constituida tras
derrocamiento presidente Chávez era ilegal, pero esa ilegalidad se hizo
más fuerte y Carmona mostró su gran torpeza al no saber disimularla
cuando decreto establece, Gobierno transición democrática disuelve
Asamblea Nacional, destituye titulares órganos del Estado y faculta a
dicho Gobierno para deponer a gobernadores y alcaldes elegidos
democráticamente y para legislar por encima Constitución y ordenamiento
jurídico establecido.
No puedo estar más de acuerdo ni se
puede explicar mejor. Continuando con su balance de los sucesos, en
telegrama del día 17 el embajador Viturro añadía: Conforme pasan los
días se van conociendo más datos sobre sucesos pasado jueves once.
Quiero de nuevo llamar su atención sobre lo que sigue. Cito: Que
confirman tesis inicial había avanzado esta Embajada sobre intento
aprovechar crisis petróleos de Venezuela para provocar muertes dieran
lugar derrocamiento presidente Chávez. A cargo militares estaban siendo
incitados a ello por ciertos grupos conspiradores oposición.
Señorías,
no quiero cansarles más y lamento haberme alargado bastante más que 59
segundos para sustentar lo mismo que dije en el programa de televisión.
(Rumores.) Abusando de su paciencia, permítanme por tercera, y última
vez, recapitular lo expuesto: Primero. No existe duda alguna de que en
Venezuela se produjo un golpe de Estado. Segundo. Los instigadores del
golpe de Estado, la Junta Cívico Militar buscaba una transición de
poder con apariencia constitucional que les permitiese ser reconocidos
internacionalmente como el nuevo Gobierno de Venezuela, de acuerdo con
la Carta Democrática de la OEA. Tercero. El anterior Gobierno de España
tomó la iniciativa de emitir un comunicado conjunto que pretendía
facilitar legitimidad internacional al golpe en los mismos términos que
el artículo 350 de la Constitución venezolana y la Carta Democrática
Interamericana de la OEA. Otros cuatro países que fueron invitados a
sumarse a la declaración conjunta declinaron hacerlo. Por otra parte,
el Gobierno de España, como Presidencia en ejercicio de la Unión
Europea, emitió una declaración en la que se elude cualquier referencia
al golpe y se menciona al Gobierno provisional. Ello contrasta con la
declaración de condena del Grupo de Río en la que se condena la ruptura
institucional. Cuarto. La resistencia de Hugo Chávez, el ocultamiento
del vicepresidente Cabello y la oposición del presidente y
vicepresidente de la Asamblea Nacional, bloquearon una transmisión de
poderes de apariencia constitucional a los golpistas, de acuerdo con el
artículo 233 de la Constitución bolivariana. Ello sitúa a Carmona y al
resto de los firmantes del decretazo que proclamaba el Gobierno
provisional, fuera de la legalidad constitucional y la Carta
Democrática Interamericana de la OEA.
Quinto. A pesar de todo
lo anterior y de haber sido informados con gran detalle por el
embajador de España y por otras fuentes de que se trataba de un golpe
de Estado, los entonces responsables del Ministerio de Asuntos
Exteriores dieron instrucciones al embajador, de las que este acusó
recibo, para que se entrevistase con el presidente provisional golpista
Carmona -y ello mientras estaba detenido por la fuerza el presidente
constitucional Chávez y su Gobierno- y le advirtiese no de que debía
liberar inmediatamente al presidente constitucional, sino de que debía
respetar los compromisos rotos por el decretazo para que el Gobierno
provisional surgido de la Junta Cívico-Militar pudiera ser reconocido
por la OEA. El propio presidente Aznar respondió a la llamada de
Carmona, a pesar de saber que era un golpista, para aconsejarle en este
mismo sentido. Con ello, he demostrado fehacientemente que mis tres
afirmaciones son ciertas: que en Venezuela hubo un golpe de Estado, que
el embajador Viturro recibió instrucciones y que el efecto de dichas
instrucciones ayudaba a legitimar el golpe de Estado de la Junta
Cívico-Militar, dándole cobertura internacional. Y solo cuando el golpe
fracasó, la ambigüedad implícita de los términos utilizados permitió
que el mismo discurso sirviera para exigir al presidente Chávez diálogo
y respeto de los derechos cívicos para los golpistas que acababa de
violarlos.
Insisto: en ningún momento se puede interpretar de
mis palabras que el anterior Gobierno español instigase o participase
en la preparación y ejecución del golpe de Estado. Nunca dije eso;
afirmar lo contrario sería una calumnia. (Protestas.)
Mis
afirmaciones deben entenderse en el sentido de que por apoyar quiero
decir no condenar el golpe de Estado, endosarlo y tratar de ofrecerle
legitimidad internacional, pero de todo lo anterior se deduce que el
anterior Gobierno cometió, cuando menos, un grave error de apreciación
y de gestión de la crisis en contra de la práctica y los usos
diplomáticos.
Señorías, hasta aquí les he relatado lo
acaecido, la secuencia de los hechos, hechos sobre los que no mentí;
ahora bien, aun siendo ciertas mis apreciaciones, creo que existe un
consenso general en el país que yo también comparto: que el lugar para
hacer esas afirmaciones, aunque sean verdad, no era el adecuado ni el
momento, el oportuno y que fueron desafortunadas. Por tanto, asumo mi
error y me disculpo. (Rumores.)
El señor PRESIDENTE: Un momento, señor ministro.
Les ruego silencio. Después, cada grupo parlamentario tendrá oportunidad de exponer sus posiciones.
El
señor MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES Y DE COOPERACIÓN (Moratinos
Cuyaubé): Este Gobierno, como ha explicado en varias ocasiones el
presidente Zapatero, tiene a gala reconocer sus errores ante los
ciudadanos y corregirlos y eso hago en este instante sobre la
oportunidad y el momento de mis afirmaciones, que, por otra parte, he
demostrado ciertas.
Dicho lo cual, queda un último aspecto. ¿En
qué coyuntura política se inscribe esta polémica? Mis declaraciones se
produjeron cuando el Partido Popular estaba interpelando al Gobierno, y
a mí mismo como ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, sobre
la política iberoamericana, y en concreto sobre Venezuela. Lejos de
buscar espacios para el consenso, las críticas del principal partido de
la oposición arreciaron tras la Cumbre Iberoamericana de San José de
Costa Rica. Esta fue también la actitud del representante del Partido
Popular, creando tensión y buscando polarizar la discusión? (Rumores.-
El señor Moragas Sánchez: ¿Y qué? ¿Y qué?)
El señor
PRESIDENTE: Por favor, por favor, señor Moragas, les ruego que respeten
al señor ministro y, después, cada uno?(Rumores.- La señora Castro
Masaveu pronuncia palabras que no se perciben.)
Por favor, soy
yo quien tiene la responsabilidad de advertir del orden a quien crea
conveniente y me dé cuenta, sea un bando u otro de esta Cámara. (El
señor Soravilla Fernández: Vale.) Y en cualquiera de los casos? (El
señor Soravilla Fernández: Si, si, ya te has explicado.)
Un
poco de respeto, señor diputado, al presidente de la Comisión. Sí me he
explicado? (El señor Soravilla Fernández: Y muy bien. Ya está.)
Consecuentemente, usted no tiene por qué dar explicaciones respecto a
mi actitud y nadie de esta Cámara, ni un grupo ni el otro, tiene que
advertir al presidente cuál es su obligación, que la sabe
perfectamente. (El señor Soravilla Fernández: Fantástico.) Y le llamo
al orden.
Por favor, señor ministro.
El señor MINISTRO
DE ASUNTOS EXTERIORES Y DE COOPERACIÓN (Moratinos Cuyaubé): Nunca
existió por mi parte voluntad alguna de ofrecer la oportunidad de
desatar una confrontación política en torno a este tema. La política
exterior se ha convertido en parte esencial del debate político
ciudadano, que exige la construcción de un nuevo consenso en defensa de
nuestros intereses nacionales y nuestros objetivos internacionales,
pero, sobre todo, a partir de unos valores democráticos y ciudadanos,
entre ellos y sobre todo, la verdad, lo que para mí es esencial. Desde
que tuve el honor de asumir mis responsabilidades como ministro de
Asuntos Exteriores y de Cooperación, siempre, en todas mi
intervenciones parlamentarias he ofrecido a todos los grupos la
voluntad de construir un consenso en política exterior. Hasta ahora,
del Partido Popular solo hemos escuchado rechazos. No obstante, una vez
más, apelo al sentido de Estado del Partido Popular para que podamos
construir todos juntos una política exterior de Estado. (Rumores.- La
señora Castro Masaveu: Ahora, ahora.)
Asumo que he podido
estar desafortunado en la forma. Me obliga a esta admisión una
exigencia ética que siempre me he impuesto por encima de cualquier otra
consideración de conveniencia personal o política, pero me lo exige
también, y sobre todo, una adhesión incondicional al juego limpio
político, que dignifica esa política con mayúsculas, que se encuentra
en las antípodas de la política partidista, con minúsculas y de regate
corto.
Concluyo. Lamento que mis declaraciones hayan sido
aprovechadas para crear una polémica política sobredimensionada. Muchas
de SS.SS. y gran parte de la ciudadanía saben de mi trayectoria
personal y profesional. En todas mis responsabilidades siempre me he
guiado por mi compromiso con los principios y valores democráticos. El
respeto al otro y el diálogo siempre han sido parte de ese compromiso,
con humildad y sin rencor. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE:
Seguimos con el orden del día y, por tanto, con las intervenciones de
los diversos grupos parlamentarios, de menor a mayor. (La señora Castro
Masaveu pide la palabra.)
¿Señora Castro?
La señora
CASTRO MASAVEU: Disculpe, señor presidente, pero es por una cuestión de
orden y, sobre todo, a efectos de visualizar la presencia de cada grupo
en esta Cámara. Siempre se han respetado, y usted lo sabe, los sitios
que tiene cada uno de los grupos parlamentarios. En el espacio que
debería ocupar el Grupo Parlamentario Popular, en estos momentos hay
diputados de otros grupos y desearíamos que todos estuviésemos sentados
en los sitios que nos corresponden. (Rumores.- El señor Madina Muñoz: A
la calle, a la calle.)
El señor PRESIDENTE: Por favor, les
pido que respeten y escuchen con atención las intervenciones de los
diversos representantes de los diversos grupos, gusten o no gusten.
La señora CASTRO MASAVEU: Gracias, señor presidente.
Lo
digo porque están los medios de comunicación -quiero decirlo así de
claro- haciendo fotos, están las cámaras de televisión retransmitiendo
la sesión de la Comisión, y en estos espacios correspondientes al
Partido Popular hay personas que no se están pronunciando en el mismo
sentido que nosotros y que consideramos que deberían estar ubicados en
otro sitio.
(El señor Estrella Pedrola pide la palabra.)
El señor PRESIDENTE: Señor Estrella.
El
señor ESTRELLA PEDROLA: Señor presidente, no deja de sorprenderme lo
que acabo de escuchar, pero si el Grupo Popular se declara incapaz de
convivir y de compartir un espacio físico con el adversario político y
compañero parlamentario, voy a pedir a mis compañeros del Grupo
Socialista que busquen asiento en otro lugar de esta sala. (Rumores y
protestas.)
El señor PRESIDENTE: Les ruego, por favor, que
escuchen las breves palabras de esta Presidencia. Aun no habiendo
regla, en el uso tiene la razón la señora Castro y, por tanto, les
ruego y les agradezco al Grupo Socialista que haga ese traslado de las
personas que están ubicadas en los bancos, teóricamente del Grupo
Popular.
La señora CASTRO MASAVEU: Gracias, señor presidente.
El señor PRESIDENTE: A usted.
Acabados los flujos migratorios, tiene la palabra la representante del Grupo Mixto, la señora Lasagabaster.
La señora LASAGABASTER OLAZÁBAL: Dentro de esta pequeña cuestión previa, la verdad es que no sé dónde tengo que sentarme?
El señor PRESIDENTE: Está usted muy bien sentada, señora Lasagabaster, no se preocupe.
La
señora LASAGABASTER OLAZÁBAL: Bien acompañada estoy, desde luego, y en
todo caso no tengo ningún inconveniente en sentarme con cualquier grupo
parlamentario porque a todos respeto y espero que todos me respeten.
(Aplausos.)
En cualquier caso, en esta comparecencia pedida
por el propio Gobierno y el ministro de Asuntos Exteriores, nosotros
hemos venido, ciertamente a escuchar porque queríamos saber de primera
mano cuál era el trasfondo y, en definitiva, cuáles eran los datos que,
lógicamente, esta diputada no ha tenido nunca porque no ha pertenecido
al Gobierno ni en la anterior legislatura ni en esta. Escuchar es
importante en política para poder hacer una reflexión final en relación
con lo acertado, tanto del contenido como de la manera de proceder a
hacer declaraciones.
Respecto de esta comparecencia podríamos
plantear tres cuestiones de distinta naturaleza y me explicaré. La
primera cuestión sobre la que podríamos hablar, siendo una Comisión de
Asuntos Exteriores, es de que consideramos la política de Venezuela
desde el mismo punto de vista desde el que hacemos un análisis de
cualquier país del mundo, siempre, lógicamente -al menos desde Eusko
Alkartasuna-, desde dos baremos vitales: el respeto a la soberanía de
los pueblos y, por supuesto, la no injerencia, y también la defensa de
los derechos humanos. Pero no creo que esta comparecencia tenga como
objeto hacer un análisis de la política de Venezuela en los distintos
momentos históricos ni tampoco en el actual. Por tanto, podríamos hacer
ese análisis como lo hacemos de cualquier otro país, dentro de estos
dos principios: respeto a la soberanía y defensa de los derechos
humanos.
La segunda cuestión sobre la que podríamos hablar en
relación con esta comparecencia -y creo que se acerca más a lo que
queremos todos y a lo que quiere el propio Gobierno, que se desprende
del porqué surge esta comparecencia- se refiere a conocer -y en este
caso, lógicamente, poco podemos opinar- cuál fue la actuación del
Gobierno del Partido Popular en el llamado para unos vacío de poder y
para otros -desde luego, es nuestro caso- un golpe evidente? (Rumores.)
El señor PRESIDENTE: Por favor, les ruego silencio para que
todos podamos seguir con atención la intervención de la señora
diputada.
La señora LASAGABASTER OLAZÁBAL: Para otros un golpe
evidente en relación con la falta de cumplimiento de las propias
previsiones constitucionales de los artículos 233 y 350 de la
Constitución de Venezuela. Vamos a releer atentamente la declaración,
pero nuestra impresión tras haberla escuchado y con los datos que se
nos advierten es que creo que se confirma lo que ya intuíamos todos en
aquellos días del 11 al 14 de abril y que, evidentemente, supone que el
Gobierno del Partido Popular, si no incitó -y eso no lo ha dicho usted
y, por tanto, no lo he oído y no lo digo-, sí de alguna manera no tuvo
reparos -como sí tuvieron, por cierto, otros Estados miembros y otros
países- en seguir -por utilizar una expresión coloquial- la llamada
consolidación de un gobierno provisional -término que nos remite a otra
serie de intentos de golpes de Estado muchos más cercanos a esta Casa-
ni tuvo reparos, desde el punto de vista de la política y del respeto a
la soberanía de los pueblos, en no dejar de apoyarlo. Por lo tanto, lo
que usted señaló de una manera muy coloquial y muy simple -permítame la
expresión- y lo que ya intuíamos es que la actuación del Gobierno del
Partido Popular fue, al menos, la de mantener un apoyo a un golpe que
se podía considerar como tal por las actuaciones contrarias a las
previsiones constitucionales. En este sentido, se confirma lo que se
intuía, lo que se vio y a partir de ahí podemos hacer matices en cuanto
a lo que fue -entre comillas- ese apoyo, por qué se dio ese apoyo y por
qué no se actuó como otros países tales como, creo recordar, Francia,
Brasial, Méjico y algunos más que ha citado, que tenían muy claro y
dejaron muy claro -como lo hizo el comunicado de la OEA- que no se
puede apoyar un golpe de Estado. Esto tampoco nos sorprende -vamos a
dejarlo claro-, porque hay fuerzas políticas -y no voy a entrar ahora a
hablar del pasado- que tenemos claro que puede gustar o no un
determinado gobierno pero que hay que respetarlo, y hay fuerzas
políticas que no tienen reparos en utilizar otros sistemas para
intentar desbancar a determinados sistemas o gobiernos de otros países
e incluso del nuestro. Por tanto, no nos sorprende nada. En todo caso,
nosotros no compartimos la política exterior del anterior Gobierno -lo
hemos dicho muchas veces- ni en este tema -independientemente, de que
podríamos entrar a analizar profundamente la cuestión de Venezuela- ni
en el hecho de que se base en la fuerza, en el poderoso y en el no
respeto a la legalidad internacional ni en usar como criterio el ataque
al que piensa distinto. Y esto sí lo hemos vivido en esta Casa y en
este Estado con el anterior Gobierno. Hubo instituciones vascas que han
sido objeto de ataque a través de la política exterior del Gobierno
Popular por pensar de forma diferente. Nosotros no hemos apoyado ni
apoyaremos ese sentido de política exterior que tenía el Gobierno del
Partido Popular.
¿Es conveniente entrar a valorar el pasado?
¿Es conveniente saber lo que ocurrió en el pasado? Evidentemente, son
elementos que podemos destacar. ¿Es conveniente saber la verdad? Es
conveniente. ¿Cómo hay que hacer saber esa verdad? Eso se puede
evaluar. ¿Es necesario entrar en una dimensión futura? En esto no vamos
a entrar. Desde luego, mis actuaciones y mis declaraciones jamás han
sido perfectas; me equivoco muchas veces y, desde esta perspectiva, no
me considero capacitada para tratar de exigir la perfección a los
demás. Sí considero que, una vez que uno se ha equivocado, hay que
tratar de no volver a hacerlo. Al menos eso es lo que intento hacer yo
y el mismo baremo que me aplico a mí misma aplico a los demás. Usted
mismo ha señalado su propia manera de proceder derivada de lo que
fuere???, pero, en todo caso, esa es una valoración que hace usted y yo
no voy a exigir más perfección de la que yo no tengo. A partir de ahí
vamos a mejorar las cosas.
Dichas estas tres reflexiones, haré
una conclusión y es la siguiente. Nosotros no vamos a coadyuvar ni a
apoyar ni a incentivar ni a admitir la utilización que se está
realizando de la política exterior, así como de otras políticas -por
cierto, no de la política antiterrorista en la que también podrían
haber roto el pacto y el preámbulo en el cual se acusa
injustificadamente y se criminalizan las ideas; rompan también eso si
les parece oportuno, porque eso sí es lo que hay que romper:
criminalizar ideas de otros-; una política de agitación, de crispación,
y si quieren llamarlo así ustedes, de hooliganismo. (Rumores.) Jamás lo
hemos hecho y tenemos muchas diferencias y tenemos muchas diferencias
con unos y con otros, tanto en materia de política exterior como en
otras materias, pero siempre hemos tenido respeto hacia el diferente y
hacia otras ideas y tratamos de hacer aportaciones.
(Termina la señora Lasagabaster)
Creo
que la semana pasada, en la Comisión de Asuntos Exteriores, aprobamos
con un gran consenso, incluso podría haber sido con unanimidad si
hubiese habido un poco más de tiempo, determinados aspectos de política
exterior que redundan en el respeto a otros pueblos pero también en el
respecto a los derechos humanos -ejemplos claros tenemos en lo que ha
pasado en Cuba esta semana- desde la perspectiva de que cada uno
tenemos nuestra propia opinión. Creo que eso requiere mucho trabajo, y
no utilizar la agitación, que no nos parece de recibo, no utilizar el
Parlamento como arma arrojadiza de unos contra otros porque el
Parlamento es algo más serio que todos nosotros. En este sentido, hoy
tengo que lamentar, lo digo sinceramente, que el Parlamento haya sido
no bien utilizado en un viaje institucional en el que íbamos a
acompañar al ministro de Asuntos Exteriores en un tema tan difícil en
el que nosotros humildemente sólo queremos ayudar. Lamentamos que la
institución parlamentaria sea hoy lo cogemos, hoy lo dejamos; que se
anule (si es que se ha anulado porque nadie nos ha dicho nada) un viaje
a Oriente Medio para intentar conocer la situación y ayudar. En todo
caso, volvemos a decir lo mismo porque siempre hemos dicho lo mismo: el
Parlamento es algo mucho más serio que todos nosotros. Es el ejercicio
de las distintas ideas, nos sentemos al lado o nos sentemos alejados, y
nosotros jamás utilizaremos una política de crispación o de agitación
porque no se defiendan nuestras ideas en el Gobierno o en la oposición.
El señor PRESIDENTE: Por el Grupo Parlamentario de Coalición Canaria tiene la palabra don Luis Mardones.
El
señor MARDONES SEVILLA: Sean mis primeras palabras de agradecimiento al
señor ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, señor Moratinos,
por la información amplia que nos ha facilitado a los miembros de esta
Comisión para analizar toda esta situación de escandalera que se ha
producido por el hecho de sus declaraciones en el programa 59 segundos,
de Televisión Española.
Empiezo por hacer una observación de
lo que ha significado en Canarias la situación en Venezuela. En este
momento hay censados más o menos unos 300.000 canarios en la República
de Venezuela y puede alcanzar la cifra de un millón las personas que
proceden de emigrantes aunque tengan actualmente la nacionalidad
venezolana, y el golpe de Estado de abril del año 2002 significó en
Canarias unas horas de incertidumbre, de temor, de confusión que se
reflejó incluso con el colapso de las líneas telefónicas entre Canarias
y Venezuela porque los familiares de los que estaban allí pedían
información sobre qué estaba pasando o que grado de inseguridad podrían
tener sus familiares en el país venezolano. Dicho esto voy a analizar
su intervención, señor ministro, en dos apartados. En primer lugar, la
descripción histórico procedimental que ha realizado del golpe de
Estado. Usted ha dicho que hubo un golpe de Estado exacto, que hubo
unas instrucciones al embajador español, señor Viturro, y otras
circunstancias. En Canarias, la confusión vino fundamentalmente por la
lectura de los comunicados que llegaron a los medios informativos, y
hubo tres comunicados que más o menos usted ha relatado aquí. Uno que
hace la presidencia española de la Unión Europea (todos tienen fecha
del 12 de abril) y en ese comunicado la confusión se genera porque no
hay ningún apartado de condena expresa del golpe. En segundo lugar, se
produce el documento más preocupante, que es el comunicado conjunto
hispano-norteamericano. El comunicado hispano-norteamericano no tiene
firmantes, no se sabe quién firma ese comunicado porque en la
declaración conjunta de los gobiernos de Estados Unidos de América y de
España sobre la situación en Venezuela se invoca a los gobiernos en un
marco peculiarmente llamativo, porque no es ni Naciones Unidas, ni OEA,
ni Alianza Atlántica, sino el marco de su diálogo político reforzado
(eso debe de ser una institución operativa anónima) y no hay condena
expresa sino que se deja paso a una ambigüedad calculada -entendemos
nosotros- que en la población canaria produce la primera llamada al
confusionismo y a la ambigüedad. La premura (no pasan ni 24 horas) en
redactar una declaración conjunta que se dice de los gobiernos de
Estados Unidos y de España, y puesto que cada vez que aparece Estados
Unidos en cualquier movimiento convulsivo en un país latinoamericano ya
empiezan las circulares de si la CIA está más metida, por los
antecedentes del golpe de Estado contra el presidente Allende, en
Chile, y todas las operaciones de desestabilización que ciertamente o
erróneamente se vienen atribuyendo a Estados Unidos a través de su
instrumento de la CIA para estar en ese tema, es lógico que a la
población normal le llegue la confusión y se piense que hay un binomio
de gobiernos Estados Unidos y España que actúan dentro de ese proceder.
Nosotros creemos que eso fue un error tremendo de los responsables del
Gobierno español porque habría que preguntar quiénes firman esta
declaración conjunta de Estados Unidos y España. Nosotros creemos que
ahí hay un grado de responsabilidad, de precipitación si se quiere,
porque el Gobierno español debería haber mantenido una prudencia y una
cautela, pero si tenía que firmar algún comunicado que lo hubiera hecho
con los países que forman la OEA o con los que tenemos anualmente las
cumbres iberoamericanas (de las que no forma parte Estados Unidos de
América) de vinculación a una cultura, a una civilización y a unos
intereses políticos. Y sale el comunicado del Grupo de Río, que es en
el único en que aparece en su punto tres la condena expresa del golpe y
que tiene firmantes, porque ahí firman los presidentes del órgano
permanente del Grupo de Río de estos países latinoamericanos. Ése es el
comunicado que tiene una racionalidad y una aplicación. En esa senda se
debería haber seguido. Por tanto, hubo un golpe de Estado, hubo unas
responsabilidades, etcétera.
Paso ya a su aportación personal,
señor ministro. Hasta ahora hemos descrito unos hechos, donde hay una
responsabilidad pasada que a usted no le atañe. Primera pregunta.
¿Usted conoce, si es que existe un documento secreto
hispanonorteamericano, quiénes firmaron y quién toma la iniciativa, si
es España o es Estados Unidos, de hacer esta declaración conjunta?
¿Quién le pide a quién que firme junto a él? Este detalle es importante
para ir aclarando determinadas responsabilidades al respecto. Y entro
ya en el tema personal, para no alargar mi intervención y respetar los
turnos de todos los compañeros portavoces. ¿Cuándo conoce usted con
exactitud, señor ministro, todos estos informes que nos ha dado? Porque
aquí ya lo sitúo en el escenario. Usted ha pedido disculpas porque dice
que ha tenido una actuación desafortunada en ese programa de
televisión, y yo, al igual que he dicho que el Gobierno anterior
cometió un error, creo que usted también cometió un error, algo más que
un desliz o una actuación desafortunada porque usted es el
representante número uno de la diplomacia española, es el ministro de
Asuntos Exteriores, y no solamente por exigencias de carrera
diplomática las virtudes fundamentales de la prudencia y de la
discreción tienen que adornar los valores de la inteligencia y de la
objetividad en las actuaciones que sean procedentes. Yo creo que usted
también se equivocó de escenario. Usted, señor ministro de Asuntos
Exteriores, no es un contertulio que puede ir a cualquier escenario
donde se someta al vapuleo dialéctico de otros profesionales que están
en su legítimo derecho de preguntar porque usted puede y debe escoger.
Yo supongo que después de lo que ha ocurrido, por aquello de que gato
escaldado del agua fría huye, no lo veo a usted más en el programa
correspondiente, porque después de la que le ha caído?, la próxima vez
se diseñará el escenario donde tenga que hacer sus declaraciones,
pactadas o no, pero sin ninguna intromisión de tendencia ajena, porque
esto es una responsabilidad que le obliga. Usted ya no está en campaña
electoral, cuando no era ministro, ni tiene por qué estar ahora de
vocero de determinadas situaciones. Ahora bien, para el análisis de su
conducta, si usted ya conocía todos estos antecedentes (ya le he dicho
que se equivocó de escenario) una cosa de tan gran responsabilidad
dicha por un ministro de Asuntos Exteriores -usted no era un
contertulio más que podía decir en ese programa lo que quisiese porque
no tendrían transcendencia sus palabras- y más cuando teníamos en el
país a don Hugo Chávez, presidente de Venezuela, esas declaraciones
podrían tener más arraigo. Si lo que usted dijo, como ha tratado de
demostrar, era verdad, lo podía haber hecho público en sede
parlamentaria, con todos los respetos a los medios de televisión,
porque es tal la transcendencia de los datos que usted ha aportado que
para eso está el Parlamento, está esta comisión y está la Comisión de
Secretos Oficiales, porque yo creo que temas de esta envergadura
requieren que por discreción y prudencia el escenario sea un escenario
reservado donde las fuerzas políticas hubiéramos compartido la
información que usted nos hubiera facilitado al respecto, si es verdad.
Pues muy bien, pero esto requiere otro escenario, donde estén
consolidadas las representaciones democrática fundamentales para poder
hacer preguntas de este calibre y de esta envergadura a un ministro de
Asuntos Exteriores y que las respuestas del ministro de Asuntos
Exteriores o de cualquier otro ministro tengan también repercusiones de
envergadura, porque se refieren a la política internacional y a un país
con el cual debemos mirar hacia delante, recuperando el diálogo con el
Gobierno democrático de Venezuela, en el que los intereses económicos,
políticos, culturales y sociales de la población española que allí vive
y trabaja, así como de los venezolanos residentes en Canarias y en el
resto de España, al igual las relaciones de empresas petrolíferas y la
posición de potencia económica y social de Venezuela en este escenario,
nos tienen que obligar a una diplomacia y a un comportamiento que
prosiga, amplíe y retome otra vez la normalización del diálogo
diplomático con Venezuela y su Gobierno democrático, para que esto se
pueda llevar hacia delante. Por lo tanto, que no vuelva a haber una
precipitación o una escenificación inadecuada. Se lo digo cordialmente,
por su tranquilidad. No vuelva usted por un asunto de este tipo, pero
no vuelva tampoco por una escandalera o una bronca, porque llevamos
tiempo echando en falta en el Parlamento el sosiego de las personas
centristas en el tratamiento de cualquiera de las medidas que se tengan
que tomar.
Mi postura, dentro de un ambiente de reflexión y
responsabilidad, es que si hay un problema no se debe agravar ni llevar
a enfrentamiento o irritación. Yo acepto sus excusas por sus
desafortunadas declaraciones, pues ha sido un error de grueso
diplomático, y espero que esto se pueda corregir. Me parece que usted
ya ha ofertado la penitencia de la enmienda. Si ha aceptado plenamente
le pecado del error, tiene que aceptar la penitencia parlamentaria, en
la que yo no quiero poner ninguna nota disidente, sino refugiarme en la
prudencia y en la cordialidad, para que, en una sociedad democrática,
se respete la preeminencia de las salas del Parlamento para traer las
informaciones conflictivas.
El señor PRESIDENTE: Por el Grupo
Parlamentario de Izquierda Verde-Izquierda Unida-Iniciativa per
Catalunya Verds, tiene la palabra el señor Llamazares.
El
señor LLAMAZARES TRIGO: Gracias por su comparecencia, señor ministro de
Exteriores. Gracias por comparecer ante esta comisión. Gracias porque
resplandezca la verdad que, aunque probablemente tenía que haber
resplandecido mucho antes, está bien que resplandezca, aunque sea
tarde. Y gracias por el talante autocrítico, es decir, por las
disculpas que ha trasladado a esta comisión y a la sociedad española
por la forma en que pudo decirse esa declaración.
En todo
caso, a mi grupo parlamentario le resulta muy llamativo que en un
ejercicio de hipocresía política por parte de Partido Popular, hoy
tengan que dar cuenta los mensajeros y, sin embargo, no hayan dado
ninguna cuenta los causantes de este embrollo. Es decir, que en este
país hay que dar cuenta por decir la verdad y los que han mentido,
precisamente, piden cuenta a quien dice la verdad. (Aplausos.) Porque
han mentido, señor ministro de Exteriores, han mentido, mintieron a la
sociedad española en torno al golpe. El ex presidente del Gobierno y el
ministro de Exteriores mintieron a esta Cámara y hoy siguen mintiendo
(Un señor diputado: Tú, sobre todo, tú), buscando que los que decimos
la verdad, tengamos que pedir disculpas. No vamos a pedir disculpas,
señores del Partido Popular. (Rumores.) Además de ser un monumento a la
hipocresía política, hoy estamos aquí -señor ministro, no se apure- por
otra cosa y no por lo que usted ha dicho. Estamos aquí como parte de
una estrategia de desestabilización, iniciada por el Partido Popular en
este país. (Rumores.-Protestas.) Sin lugar a dudas, como el Partido
Popular no obtiene su legitimidad democrática de las elecciones y del
apoyo ciudadano, sino que la obtiene de las elecciones en Norteamérica
(Un señor diputado: En Cuba.), y como recientemente ha tenido nuevos
vientos en sus velas, para impulsar su política de oposición, ha
concluido que el resultado electoral del señor Bush y la reunión entre
Bush y Aznar legitiman a ese partido, no para hacer oposición
democrática, sino para hacer desestabilización política, que es lo que
hemos visto, lo que estamos viendo en esta Cámara, ( Un señor diputado:
¡Qué socio tienes, Morantinos) lo que vemos en el Poder Judicial y lo
que veremos, seguramente, por parte del Partido Popular. Esa es la
situación ante la que estamos, y de esa misma situación forma parte la
deslegitimación del resultado electoral. (Rumores.) Los hay que quieren
cuestionar continuamente el resultado electoral de estas elecciones. Es
natural, nosotros recibimos la legitimidad de las elecciones en España
(Un señor diputado: Sobre todo tú) y ustedes reciben la legitimidad de
las elecciones en Norteamérica y creen que la victoria de Bush es la
victoria de sus posiciones, que les permite deslegitimar la nueva
política exterior del Gobierno. En ese sentido, yo quiero saludar aquí
la nueva política exterior del Gobierno y los resultados de la misma,
porque hace muy poco tiempo no era el tema de Venezuela, era el tema de
Cuba. (Rumores.) Pues bien?
El señor PRESIDENTE: Señor Llamazares.
Por
favor, les ruego silencio y que se escuche con respeto. Los grupos
tendrán tiempo suficiente después para discrepar de las posiciones de
cualquier otro de los compañeros que exponga sus tesis.
Señor Llamazares, tiene la palabra.
El
señor LLAMAZARES TRIGO: Decía que, hace poco, hemos tenido la
experiencia de Cuba y, ahora, estamos en el tema de Venezuela. Se trata
de dinamitar el cambio en la política exterior en este país. Por lo
tanto, no se apure, señor ministro, porque hubieran buscado cualquier
otra razón para cuestionar su presencia y su eficacia en el Ministerio
de Asuntos Exteriores. Pero, en estos momentos, yo tengo que reconocer
-como grupo parlamentario que ha apoyado esta política- el éxito de la
política exterior en Latinoamérica y, en concreto, el éxito de la
política exterior para Cuba. La política de diálogo es una política que
da resultados, y da resultados positivos para el pueblo cubano y para
el pueblo español, señor ministro. Quería reconocer eso, en primer
lugar, y que lo que hoy estamos haciendo aquí forma parte de una
estrategia de desestabilización. (Rumores.) Qué tiempos estos, en los
que lo que es evidente, necesita ser explicado y vuelto a explicar,
porque, además de hipocresía política, esta petición de comparecencia y
esta exigencia de responsabilidad es un monumento al cinismo político.
Por parte de quienes tuvieron responsabilidad en lo que ocurrió en
Venezuela, se pide responsabilidades al ministro de Asuntos Exteriores
actual. No, señorías del Partido Popular; se deberían pedir
responsabilidades al entonces ministro de Exteriores, señor Piqué, y a
los responsables políticos del Partido Popular, que cometieron tamaño
desaguisado, porque no es cualquier cosa formar parte de una estrategia
golpista, no es cualquier cosa, señorías. De eso estamos hablando: de
una estrategia golpista de libro. Se parece a la estrategia golpista de
Chile. En primer lugar, por la desestabilización económica. En segundo
lugar, por la desestabilización política y de intervención de las
Fuerzas Armadas. Y, en tercer lugar, por la legitimación, a través de
mecanismos interpuestos de carácter constitucional. A eso nos hemos
enfrentado en el caso de Venezuela y el Gobierno español que, lejos de
enfrentarse, lejos de descalificar, lejos de condenar ese ataque a la
democracia, se sumó al ataque a la democracia. He de decir también,
señorías, que hubo miembros de otros partidos políticos que también
respaldaron ese ataque a la democracia. A veces las fobias, nos llevan
a confundir los principios, señorías. Los principios son los
principios, y los principios democráticos no permiten que nuestras
fobias legitimen ningún tipo de punch, ningún tipo de golpe. En este
caso, señorías, eso es lo que nos encontramos en Venezuela: un golpe de
libro, en el que todavía tendremos que esperar a la desclasificación de
los documentos de la CIA, porque hay personas en Estados Unidos que
dicen que en esa desclasificación aparecen los gobiernos que
intervinieron, no solamente después del golpe, sino antes. Yo les
espero en esa desclasificación de los documentos de agencia de
inteligencia norteamericana. Pero, en todo caso, lo que parece claro, y
es evidente en las declaraciones del señor ministro, es que nuestro
Gobierno no condenó el golpe y además contribuyó, junto con el Gobierno
norteamericano, a buscar una legitimación democrática y pública de un
golpe ilegal. Eso es lo que hizo el Gobierno español. Y se han referido
aquí distintos acontecimientos, que muestran esa connivencia del
Gobierno español con el golpe.
Me parece realmente curioso
-usted habla del embajador español-, las notas del embajador español me
recuerdan más a las informaciones del CSID que a las informaciones de
un embajador. Son de tal detalle y además suponen un conocimiento tan
apurado del asunto, que da la impresión de que estamos ante un informe
de inteligencia que se hace de forma continuada, ante una nota del CSID
que se hace de forma continuada en torno a la estrategia del golpe de
Estado. Pero me voy a quedar únicamente en lo que es el golpe y, a
posteriori del golpe, la actitud del entonces Gobierno español. Parece
que es evidente que el entonces Gobierno español dio instrucciones a su
embajador y que su embajador participó directamente en la presencia
pública del golpe y el intento de legitimación constitucional de ese
golpe. Usted ha hablado de algunos acontecimientos que ocurrieron y yo
creo que son conocidos. En la pregunta parlamentaria que le hice al
presidente Aznar también eran conocidos y el presidente Aznar me
recordó uno más que yo no conocía. Yo le dije que él había llamado al
señor Carmona y él me dijo que no, que él había recibido la llamada del
señor Carmona, es decir, que le había levantado el teléfono a un
golpista. Creo que esto es muy representativo ya de la actitud
inequívocamente democrática de un presidente del Gobierno, el que
levante el teléfono a un golpista cuando está detenido el presidente
legítimo de ese país y cuando está en cuestión a nivel internacional la
posición política de los golpistas; creo que eso es muy representativo.
Pero, con carácter previo, por una parte nuestro Gobierno entró en una
declaración sin precedentes; no tiene precedentes una declaración con
el Gobierno norteamericano precedida de un comunicado del Departamento
de Estado que hace referencia únicamente a las víctimas, imputándoselas
al Gobierno Chávez. Hemos visto después que eso no es así. Pero,
inmediatamente del comunicado del Departamento de Estado,
inmediatamente después, se produce, parece que a instancias del
Gobierno español, una declaración conjunta entre el Gobierno español y
el Gobierno norteamericano y posteriormente una declaración de la Unión
Europea, que no condena el golpe, que no pide la liberación del
presidente detenido y que, sin embargo, viene a plantear la
consolidación democrática, la consolidación normalizada del golpe
militar. Creo que eso es muy representativo y es muy representativo
también el papel de nuestro embajador, no sólo como informador al
Gobierno español de forma muy pormenorizada de la estrategia del golpe,
sino el papel ante el presidente ilegal, ante el señor Carmona, primero
visitando al señor Carmona y además planteándole únicamente los
problemas que podría traer el que se excediera en el golpe cívico
militar saltándose a la torera la Asamblea, el Tribunal de Justicia, la
Comisión electoral?Eso es, en mi opinión muy llamativo, pero usted no
ha dicho en esta Cámara algo que me parece que es verdad -yo, al menos,
lo tengo-, no sé si es así, pero creo que sí porque hay imágenes en los
medios de comunicación y es el aplauso de nuestro embajador, junto con
el embajador norteamericano en la toma de posesión del golpista.
Refiero: A las 17,25 horas, en el salón Ayacucho del palacio
Miraflores, los dos embajadores participan en la proclamación del
golpista, Pedro Carmona, como presidente de la República de Venezuela.
En este acto, el procurador general designado por Carmona, Daniel
Romero, leyó el decreto de constitución del Gobierno, de disolución de
la Asamblea Nacional y la destitución de los magistrados del Tribunal
Supremo, del Fiscal, del Controlador general, del Defensor del Pueblo y
de los miembros del Consejo Nacional Electoral. Eso es lo que hicieron.
Esta disposición fue firmada, entre otros estamentos, por el cardenal
José Ignacio Velazco, el primer vicepresidente de la gran patronal,
Fedecámaras, por la banca, Ignacio Salvatierra, etcétera. Con su
presencia y anuencia el embajador Biturro avaló la supuesta legalidad
del golpe de Estado. Estaba allí, tal y como atestiguan las imágenes
emitidas por televisión y grabadas en vídeo, Manuel Biturro, junto a
decenas de representantes de otros estamentos, aplaudiendo el juramento
de Pedro Carmona. Señorías, si esto no es apoyar el golpe, que venga
Dios y lo vea.
En definitiva, señor ministro de Exteriores,
quiero agradecerle en nombre de mi grupo, en primer lugar, hacer honor
a la verdad, haber explicado ante esta Cámara la verdad de los hechos,
aunque creo que quedan más cosas para saber toda la verdad, como diría
el señor Aznar, quedan muchas cosas más que investigar para saber toda
la verdad. (Risas.) Le agradezco también su autocrítica porque a veces
los lugares y momentos donde se dicen las cosas no son los más
apropiados, pero eso no quita que quien tenga que pedir disculpas ante
los demócratas y ante esta Cámara sean los dirigentes del Partido
Popular que fueron conniventes con un golpe contra la democracia. Esos
son los que tienen que explicarse ante esta Cámara y ante la
ciudadanía. Por último, no se inquiete, señor ministro, esto va a
continuar. La estrategia de desestabilización va a continuar porque
piensan que desestabilizando van a un período corto de esta legislatura
y yo espero que entre todos frustremos esa intención desestabilizadora
y que demos garantías del cambio que quiere nuestro país, en concreto
en la política exterior; un cambio de política exterior que se ha
demostrado eficaz también en relación con las relaciones con Cuba.
Muchas gracias, señor ministro. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Por el Grupo Parlamentario Vasco (EAJ-PNV) tiene la palabra el señor Josu Erokoreka.
El
señor ERKOREKA GERVASIO: Gracias, señor ministro por su comparecencia y
por la información que nos ha dado en relación con este turbio asunto.
La
mayoría de los grupos parlamentarios -ya veo que no todos- no teníamos
sobre este asunto más información que la que podíamos haber conseguido
a través de los medios de comunicación, concebidos en sentido amplio,
que no es poca hoy en día, pero que no permite hasta el momento
presente acceder a la información que realmente permite conocer de
verdad las claves de lo que se coció en este asunto. Aunque suponga
hacer referencia a una cuestión que sólo tangencialmente tiene que ver
con lo que aquí nos ocupa, quisiera comenzar mi intervención expresando
que el grupo parlamentario al que pertenezco no siente ninguna simpatía
por los militares metidos a estadistas, nunca la ha tenido ni la tiene
tampoco ahora y mucho menos si han accedido al poder, como alguien ha
expresado gráficamente -sólo quisiera coincidir en esto con él-, si han
accedido al poder gracias al uso de las botas, como atributo
representativo de lo castrense, y no gracias a los votos. Poco importa
a este respecto que pretendan revestir sus aspiraciones de un ropaje
cívico militar y quitarle énfasis a las botas para pretender acentuar
los aspectos más legitimables desde el punto de vista democrático
constitucional. No siente simpatía mi grupo parlamentario por ese tipo
de gobernantes por dos razones: por razones de principio, por
convicciones democráticas y, además, por una razón práctica muy
evidente y es que siempre a mi grupo parlamentario y a la formación
política que le sustenta le ha ido muy mal con este tipo de
gobernantes. El presidente Hugo Chávez no es en esto una excepción. El
coronel Chávez accedió al poder el año 1992 gracias a un golpe de
Estado que dirigió contra un Gobierno socialdemócrata, contra Carlos
Andrés Pérez. Es cierto que el sistema político venezolano se
desmoronaba víctima entre otras cosas de la corrupción y de la
desarticulación entre los partidos políticos. Pero Carlos Andrés Pérez,
aunque fuera un mal presidente, era un presidente elegido
democráticamente y lo lógico hubiese sido que su destitución hubiese
tenido lugar de la misma manera, a través de un cauce democrático, que
el relevo de Carlos Andrés Pérez en el poder hubiese tenido lugar no a
través de los procedimientos por los que tuvo lugar, sino a través de
un cauce estrictamente democrático. Creo que el deterioro de la
situación económica, de la situación política -que eran y siguen siendo
todavía evidentes en Venezuela- no justificaban el golpe militar como
tampoco idénticas razones justificaron, por poner un ejemplo próximo a
nosotros, el golpe militar que tuvo lugar en el año 1936 en este mismo
país. Como siempre ocurre en este caso -y voy a la razón práctica que
hace que mi grupo no simpatice con este tipo de situaciones-, también
en aquella ocasión, en el año 1992, salimos malparados.
Esta
sesión monográfica para analizar el papel del Gobierno del señor Aznar
y del señor Piqué al frente del Ministerio de Exteriores llega quasi
con 20 meses de retraso. Hubiera sido lógico que bajo el mandato del
Partido Popular y de su equipo de Exteriores, con el señor Piqué a la
cabeza, se hubiera celebrado una sesión como esta para explicar qué
hizo, qué decisiones tomó, qué actitud tomó el Gobierno español, que no
sólo estaba al frente del Gobierno de España, sino también al frente de
la Presidencia de turno de la Unión Europea. Esta comisión monográfica
no tuvo lugar. Se negaron las peticiones de diferentes grupos de la
oposición para que se aclararan las posturas, las acciones y la toma de
decisiones por parte del Gobierno de antaño. No fue así y hoy nos
encontramos en esta Comisión, fruto de un desliz -así lo ha asumido el
ministro de Exteriores- en un programa, 59 segundos, al que estamos
haciendo una importante propaganda -es una televisión pública y
podemos-; un programa en el que, a diferencia de algunos programas o
entrevistas del anterior Gobierno, hay preguntas, hay acecho y hay
debate. Seguramente esta situación no se hubiera producido en otro
Gobierno y en otra televisión, básicamente porque las entrevistas eran
a la carta: cómo nos gustamos, qué bien lo hacemos. No fue así, fue un
debate en un programa que precisamente no destaca por las entrevistas a
la carta. El ministro tuvo un desliz y así lo ha asumido. Nuestro grupo
acepta las disculpas del ministro. Todos nos podemos equivocar, como ya
han dicho otros grupos que me han precedido. Estamos ante una
oportunidad para que se aclare cuál fue la actitud de un Gobierno, el
Gobierno del Partido Popular, ante unos lamentables hechos y una
lamentable experiencia en política internacional.
Pero esto no
es una novedad. En estos debates, en estos razonamientos, en esta toma
de decisiones unilateral, en esta impunidad legítima que daba la
mayoría absoluta en política exterior, el apoyo al golpe de Estado en
Venezuela no fue un hecho aislado. Hubo situaciones como las mentiras
sobre las armas de destrucción masiva en Irak, que propiciaron el
desastre al que estamos asistiendo en estos momentos, y situaciones
incluso un poco grotescas, que ponían en peligro una zona de especial
sensibilidad geoestratégica, como el Mediterráneo y el Magreb, como fue
la aventura de la isla de Perejil. Nosotros consideramos que la
política exterior del anterior Gobierno no era precisamente una
política de diálogo, una política de consenso, una política para
mejorar las condiciones de los escenarios internacionales. Hoy estamos
aquí porque en su momento, en un programa de televisión, se acusó al
Gobierno del Partido Popular de dar apoyo a un golpe de Estado. Nuestra
pregunta es si realmente hubo un apoyo del Gobierno español al golpe de
Estado que sufrió el Gobierno legítimo de Venezuela. Nosotros
consideramos que sí, a tenor de lo que hemos escuchado hoy de la
intervención del señor ministro sobre la base de la documentación que
nos ha ofrecido. Un golpe de Estado se puede apoyar de muchas maneras.
Nunca sabremos -o a lo mejor sí, si hay una descatalogación de los
documentos del Gobierno americano, de su Departamento de Estado o de su
servicio de inteligencia-, si hubo una intervención directa de los
servicios exteriores o de la inteligencia del Gobierno español. Ahora
no lo sabemos. No creo que el señor Moragas o el señor Arístegui, los
responsables de política exterior del Partido Popular, nos aclaren este
hecho, no lo creo, pero lo que sí sabemos es que un golpe de Estado se
puede apoyar de diferentes maneras. Puede haber un apoyo a la
desestabilización social y económica de un país. Chile fue un ejemplo y
está escrito. La famosa descatalogación de documentos del servicio de
inteligencia americano dio ejemplos de cómo se desestabilizó y cómo se
contribuyó a una política clara de cercenar los fundamentos de un
Gobierno legítimo como era el del señor Allende, con desestabilización
económica y social. Esta es una forma de colaborar en un golpe de
Estado. Hasta aquí no hemos llegado. Esto no ha quedado demostrado, por
lo cual parece que el Gobierno anterior no participó en esta dinámica
en el golpe de Estado. Pero hay otra forma de participar en un golpe de
Estado que es muy importante. El régimen franquista es un buen ejemplo
de cómo se puede legitimar un Gobierno golpista desde el interior, cómo
se le puede dar oxígeno internacional desde las instituciones, cómo se
le puede reconocer, cómo se le puede lavar la cara. De esta manera, por
lo que hemos oído y lo que hemos leído estos días, incluso por lo que
parecía hace 20 meses, curiosamente, el Gobierno español sí que
participó de forma descarada en la legitimación de un Gobierno que
llevó a cabo un golpe de Estado. No nos vale la sutileza de buscar el
econograma de la situación, de si el golpe de Estado era declarado o
no. La correspondencia diplomática entre el Gobierno español y sus
embajadores es taxativa. De lo que ha dicho el señor ministro incluso
se trasluce el intento de mejorar técnicamente el golpe de Estado:
ustedes no desmonten la Asamblea porque a partir de aquí se visualiza
lo que en todo momento parecía desde fuera. Hubo un apoyo a la
legitimación internacional de este golpe. Cuando hay un golpe de este
tipo -la historia nos lo demuestra-, el apoyo internacional es así.
Incluso el Gobierno español fue más allá que el propio Gobierno
americano, que en su momento, cuando vio el decretazo contra la
Asamblea venezolana, rectificó y se dio cuenta de hasta qué punto
estaba llegando, no así el Gobierno español. El Gobierno español tardó
mucho más. El Gobierno español recurrió a diferentes organismos
internacionales para legitimar el golpe y se le fueron cerrando las
puertas. No fue así. Creemos que queda demostrado que este Gobierno,
como mínimo, jugó a la legitimación de este golpe. Ya sabemos que el
Gobierno anterior no podrá responder, no está aquí, por eso digo que
esta Comisión llega con 20 meses de retraso.
También es el
momento de analizar por qué se llegó a esta legitimación. Hasta ahora
no sabemos si había intereses económicos privados o públicos, no
sabemos que geoestrategia aplicaba el servicio exterior o la
inteligencia para apoyar y legitimar este golpe, lo que sí sabemos es
que sobre todo en los últimos cuatro años ha habido un seguidismo de la
política norteamericana en la política exterior. Este seguidismo ha
llevado a situaciones a veces ridículas, que no se podían explicar; no
se podían dar argumentos del porqué de esta política exterior. Una
política que es lícita; una política -la del Partido Popular- basada en
un seguidismo acrítico, pero que es lícita. Nosotros no la compartimos,
pero consideramos que es su forma lícita de hacer política
internacional. Sin embargo, consideramos que en este desgraciado suceso
el Gobierno anterior jugó con fuego, jugó con la política
internacional, jugó con la desestabilización de un país, coadyuvo a lo
que podía haber sido una guerra civil en Venezuela. No fue así, pero el
Gobierno anterior cometió una grave irresponsabilidad.
Como ya
se ha dicho aquí, la estrategia del Partido Popular es también la de
cercenar la política exterior del actual Gobierno. Vamos a ver ejemplos
de doble rasero por parte del Partido Popular. Nadie puede entender
cómo un ex presidente, el señor Aznar, visitó al reelegido presidente
de los Estados Unidos, el señor Bush, sin consultar con el actual
Gobierno y con el actual equipo de Exteriores y no pasó nada. ¿Se
acuerdan ustedes de cuando don Felipe González pasó dos días en
Marruecos y se le acusó desde el frente mediático del Partido Popular
de haberse reunido con los dirigentes del Gobierno marroquí sin las
consultas previas al Gobierno español? Ríos de tinta. Este es el doble
rasero. Desde el Grupo Popular se intenta deslegitimar permanentemente
un cambio de política exterior. He dicho que no compartíamos la
política del Partido Popular, pero que era legítima; hay que entender
también que la política exterior del nuevo Gobierno es legítima aunque
no se comparta.
Nuestro grupo comparte también lo que ha dicho
el Grupo Vasco. No nos gustan los militares metidos en política, pero
es evidente que este Gobierno de Venezuela ganó unas elecciones y ha
superado un referéndum con el beneplácito y el visto bueno de
organismos y observadores internacionales. A partir de aquí, creo que
este es un Gobierno que merece todo el respeto. Ya lo merecía en su
momento, porque ganó unas elecciones con el visto bueno de organismos
internacionales.
Para acabar, queremos dar las gracias al
señor ministro por su comparecencia y por su información. Estaremos a
su lado cuando la política exterior se base en el diálogo y en la
cooperación y trate de llevar la democracia, el bienestar y la justicia
donde haga falta, a Venezuela, a Cuba o a Irak, pero no a base de
seguidismo acrítico, ni a base de intereses muchas veces opacos.
Creemos que esta política de diálogo y de cooperación -hemos tenido el
ejemplo de las gestiones que han hecho en Cuba por parte del Gobierno,
con el resultado de la excarcelación de un alto dirigente de la
disidencia cubana- es el mejor camino para llevar la democracia y el
bienestar a todos los países. Queremos agradecer especialmente su
presencia, señor ministro. Nos tendrá a su lado cuando la política
exterior se base -repito- en el diálogo y la cooperación para
estabilizar y llevar la democracia y la justicia a todos los países del
mundo.
El señor PRESIDENTE: Por el Grupo Parlamentario Catalán (Convergència i Unió), tiene la palabra el señor Xuclà.
El
señor XUCLÀ I COSTA: Muchas gracias, señor ministro, por esta
comparecencia -quiero subrayar que a petición propia- en la Comisión de
Asuntos Exteriores para exponer y para desarrollar su argumentación,
sin duda insuficiente, el día 22 de este mes.
El grupo
parlamentario de Convergència i Unió se presentó a las últimas
elecciones generales con un eslogan que estaba muy lejos de los
eslóganes de la confrontación que se respiraba desde principios de año
en el debate político del momento, un eslogan electoral que era Sentido
común.
Yo desearía hoy aportar algunos elementos fundados en
el sentido común respecto al episodio y a los hechos que han provocado
la convocatoria de esta Comisión de Asuntos Exteriores. Un poquito de
sentido común en medio de una actitud, de una situación de bastante
maniqueísmo en el debate de la política exterior española y de bastante
caricatura también en el debate de la política exterior española.
El
motivo de su comparecencia ante esta Comisión es una brevísima frase
pronunciada en un programa de televisión el día 22 de noviembre.
Concretamente, creo que el epicentro de que usted comparezca ante esta
Comisión es la siguiente frase: El embajador español recibió
instrucciones de apoyar al golpe. Esta simple frase. Y a esta frase se
le suma también algunos datos que usted ha aportado hoy, en los cuales
fundamenta otra frase que ha expresado hoy, en la que decía que España
participó en la articulación del reconocimiento internacional del
Gobierno golpista. La frase del programa 59 segundos es una frase tan
breve que puede inducir a la relación causal entre el golpe de Estado
de los días 12, 13 y la salida del día 14 de abril y la posición del
Gobierno español.
Yo le hablaré poco de Venezuela, y le
aseguro que previamente a esta intervención he hecho una inmersión
profunda en los días del golpe de Estado, en los días anteriores y en
la situación política de Venezuela en aquellos momentos y ahora; pero
creo que el que hoy usted esté aquí y que merezca algunas
consideraciones de carácter político por parte de los distintos
portavoces es porque usted se equivocó. Usted se equivocó desde un
punto de vista formal y a veces, señor ministro, la forma termina
invalidando también el contenido, la forma termina invalidando el
fondo. Creo que le honra su reconocimiento de que se ha equivocado.
Evidentemente, este grupo parlamentario acepta la presentación de sus
excusas ante esta Comisión y valora muy positivamente la expresión del
reconocimiento de su error, pero usted se equivocó en la forma y quizás
también en el fondo.
Como muy bien sabe, en derecho civil, en
derecho constitucional hay una distinción, también de sentido común, la
distinción entre la responsabilidad ex post o ex ante. Y con esta breve
frase, el embajador recibió instrucciones de apoyar al golpe, usted, en
un programa de televisión, no deja claro si este apoyo, esta
ambivalencia, es una ambivalencia ex post o ex ante. De tal forma que
hay motivos, sin duda, para inducir a algún grupo parlamentario -sólo
con esta frase, no con las explicaciones completísimas que usted nos ha
dado- a la irritación y a la crispación política que hemos vivido esta
última semana. Entrando más en el fondo de sus explicaciones, es
evidente que hubo una situación de ambivalencia en la cronología de las
horas y de los días que transcurren entre los días 11 y 12 de abril del
año 2002. Corresponde a esta Comisión de Asuntos Exteriores valorar
estos días, corresponderá a los investigadores, corresponderá a los
historiadores, corresponderá, si usted quiere, convocar un simposium
sobre nuestra opinión ante estos hechos, pero la escueta afirmación de
esta frase ha inducido, en la política española durante una semana, a
un ambiente de una cierta crispación.
Usted, ministro de
Asuntos Exteriores del Gobierno de España, no puede e