COORDINADORA NACIONAL DE INDEPENDIENTES

13 de Noviembre, 2007


Publicado el 13 de Noviembre, 2007, 12:35

Despues de los acontecimientos ocurridos en la Cumbre de Presidentes en Chile, (que si no fuera por  el ¡porque no te callas!!, nadie se habria enterado que había una Cumbre de Presidentes.)....; les presento un documento sobre los hechos que pasaron en los dias del golpe de Estado en Venezuela y el comportamiento del Gobierno de  España. usted analice y tome sus propias conclusiones.

SOBRE LOS SUCESOS QUE TUVIERON LUGAR DEL 11 AL 14 DE ABRIL DE 2002 EN VENEZUELA (TRANSCRIPCIÓN NO OFICIAL)

Se abre la sesión a las once y cinco minutos de la mañana.

El señor PRESIDENTE: Buenos días. Va a dar comienzo esta Comisión de Asuntos Exteriores con el único punto del orden del día, que es la celebración de la comparecencia, a petición propia, del ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación para informar sobre los sucesos que tuvieron lugar del 11 al 14 de abril de 2002 en Venezuela. A tales efectos, le doy la palabra al señor ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación.

El señor MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES Y COOPERACIÓN (Moratinos Cuyaubé): Buenos días, señorías.

El objetivo de esta comparecencia, que el Gobierno ha solicitado a petición propia, es establecer si faltaron a la verdad las afirmaciones que realicé el pasado lunes 22 de noviembre en el programa 59 segundos de Televisión Española, en La 1, sobre los sucesos ocurridos en Venezuela del 11 al 14 de abril de 2002

Espero en esta comparecencia aclarar todos aquellos aspectos e interrogantes relacionados con mis afirmaciones, lo que lógicamente no es posible hacer en 59 segundos. Soy perfectamente consciente de la importancia política que tiene demostrar su veracidad. Este país, señorías, no está dispuesto a consentir nunca más que sus gobernantes le mientan y yo he venido hoy aquí a decir la verdad. Han distribuido en sala fotocopia de la transcripción de mis palabras en el programa 59 segundos en relación con Venezuela. Sus señorías pueden consultarla. Mis afirmaciones fueron las siguientes? (Rumores.)

El señor PRESIDENTE: Me permite una interrupción, señor ministro. Aparte de la sorpresa del presidente de la Comisión, veo también caras de sorpresa en otros miembros de la Comisión, porque está haciendo usted referencia a un escrito que me da la sensación que ninguno de los miembros tiene.

El señor MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES Y DE COOPERACIÓN (Moratinos Cuyaubé): Entonces la transcripción la leeré yo. En primer lugar, mis afirmaciones fueron las siguientes: Que hubo un golpe de Estado en Venezuela, que el embajador español recibió instrucciones del Gobierno y, en tercer lugar, que el objetivo de estas instrucciones o, mejor dicho, para evitar juicios de intención, que el efecto de la ejecución de esas instrucciones y de otras actuaciones fue apoyar el golpe. En ningún momento acusé al anterior Gobierno español de instigar o participar en la preparación y ejecución del golpe de Estado. Mis palabras deben entenderse en el sentido de que por apoyar quise -y quiero- decir que no condenó el golpe de Estado, que lo endosó y que le ofreció legitimidad internacional. (Varios señores diputados: ¡Ah, ah!)

Pasaré a demostrar la veracidad de cada una de estas afirmaciones. Toda la información que voy a utilizar procede exclusivamente de los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, de las hemerotecas y del "Diario de Sesiones" de esta Cámara. Señorías, como ustedes saben, existen otras informaciones públicas de fuentes distintas, pero mis afirmaciones se ciñeron a los tres puntos antes señalados y, especialmente, a las instrucciones del anterior Gobierno español. Es por eso que mis explicaciones se fundamentarán en documentos exclusivamente españoles. Lo exige además mi sentido de Estado y espero que ese mismo sentido de Estado sea compartido por sus señorías. Asimismo, me he entrevistado con el entonces embajador de España en Caracas, señor Viturro de la Torre, cuya versión de lo acaecido aquellos días he escuchado con atención. Estoy seguro de que el embajador Viturro actuó siempre convencido de que las instrucciones que recibió no eran contrarias a su conciencia y desempeñó sus funciones con celo profesional, con extraordinario celo profesional. Tal vez podríamos obviar la cuestión de demostrar que en Venezuela hubo un golpe de Estado, porque existe casi un consenso generalizado entre todas las fuerzas políticas españolas de que en Venezuela se produjo un golpe de Estado el 12 y 13 de abril del año 2002.

El entonces ministro de Asuntos Exteriores, señor Piqué, en declaraciones a Radio Nacional de España el 14 de abril de 2002 señaló que no se podía distinguir entre golpes de Estado buenos y malos. El portavoz de Asuntos Exteriores del Partido Popular en esta Comisión, Gustavo De Arístegui, en un primer artículo en El Mundo ese 14 de abril había considerado que la revuelta popular -y cito- del jueves abre una puerta a la esperanza y saludaba con optimismo al presidente provisional Carmona. No dudaba, tras su fracaso, de calificar lo ocurrido de golpe cívico militar en otro artículo publicado cuatro días más tarde en el mismo diario. Sin embargo, no podemos obviarlo, porque es importante demostrar que el calificativo de golpe de Estado es exacto jurídica y políticamente. Es exacto para designar el pronunciamiento de Pedro Carmona como presidente de la Junta Cívico Militar en la madrugada del día 12 de abril de 2002 y exacto también para calificar el llamado decretazo o acta de constitución del Gobierno de transición democrática y unidad nacional por el que se designaba a Pedro Carmona Estanga en la tarde de ese mismo día, 12 de abril de 2002, presidente de la República de Venezuela. Efectivamente, como señaló el ministro Piqué, no hay golpes de Estado buenos y malos, afirmación que comparto plenamente.

Señorías, el anterior Gobierno español dio correctamente ese calificativo de golpe de Estado a lo ocurrido después de los hechos, cuando se restableció la legalidad constitucional el día 14 de abril en Venezuela, pero lo que es cierto es que no utilizó esa calificación de golpe de Estado públicamente ni el día 12 ni el día 13 ni en la declaración conjunta ni en la declaración que hizo como Presidencia de turno de la Unión Europea. El anterior Gobierno interpretó públicamente lo que estaba sucediendo en Venezuela, es decir, el golpe de Estado, como un vacío de poder para que pudiese encajar en las previsiones del artículo 350 de la Constitución venezolana y transformar un golpe de Estado malo en un traspaso de poderes provisional bueno, dentro de los marcos legales constitucionales, tras lo cual el régimen golpista de Carmona podría ser reconocido internacionalmente.

Vayamos a los hechos. Efectivamente, en un telegrama fechado el día 8 de abril el embajador Viturro informaba que -y cito- la Confederación de Trabajadores de Venezuela anuncia con apoyo patronal paro mañana martes día 9, que podría llegar a ser indefinido. Entretanto, existe riesgo algunos sectores oposición intenten aprovechar situación para una vez más incitar a Ejército a derrocar presidente Chávez. Por otra parte -continuaba señalando-, que exclusión definitiva vía diálogo y despidos se están realizando ha radicalizado actitud oposición sindicatos y empresarios que pretenden aprovechar esta ocasión para dar golpe definitivo a presidente Chávez. Igualmente -señalaba-, circulan rumores distintos sectores oposición vinculados preferentemente a Bandera Roja están recibiendo algún tipo de armas para generar en momento y lugar adecuados -se menciona Universidad Central Venezuela Caracas- situación caos que pudiera llevar en intención citados grupos a intervención Ejército, Tierra, Armada y más dividido Aire para restablecer tranquilidad y llegado el caso establecer Junta patriótica, que contaría por primera vez con apoyo totalidad partidos oposición. Termino citación.

Al día siguiente, día 9, una vez iniciado el paro convocado por la Confederación de Trabajadores de Venezuela, el embajador vuelve a informar -y cito-: Los rumores de golpe de Estado militar? -y continua- y se ha confirmado presencia en Caracas del general Enrique Medina Gómez, destinado en Washington, como representante de Venezuela en el Comité militar OEA, que goza de gran prestigio entre Fuerzas Armadas y que se dice podría liderar golpe cívico militar en unión de Efraín Vázquez Velasco, comandante del Ejército de Tierra. El embajador concluía subrayando que intervenciones oficialistas no se recatan en manifestar que no se trata de una huelga con reivindicaciones laborales o de otro tipo, sino de un intento de desestabilizar Gobierno y provocar anticonstitucionalmente salida presidente Chávez.

Cierro citación del telegrama. Es decir, ese mismo día 9 el Gobierno ya había sido advertido por el embajador que se podría estar gestando un golpe cívico-militar para provocar -repito parte del telegrama- anticonstitucionalmente salida del presidente Chávez.

En un tono cada vez más acuciante, el embajador Viturro siguió informando con celo profesional en idénticos términos a lo largo de los días 10 y 11 y a la una de la madrugada del día 12, después de que se confirmara una veintena de muertos en las inmediaciones del Palacio Presidencial y se difundieran imágenes de los francotiradores apostados que supuestamente habían disparado, envió uno de sus telegramas más elocuentes, en el que concluía, y cito: Estrategia oposición dirigida a conseguir salida presidente Chávez a través presión ejército está dando, pues, resultado. Confederación Trabajadores Venezuela, Patronal, aprovecharon conflictos petróleo de Venezuela, Sociedad Anónima, PDVSA, para conseguir movilización masiva población caraqueña, que por su parte -cierra cita-, y quiero ahora llamar la atención de SS.SS. sobre la siguiente frase, que continúa: puso ayer tarde muertos necesarios para provocar intervención ejército, única fuerza en este país frente a debilidad partidos políticos oposición, capaz de poner fin al Gobierno del presidente Chávez. Repito: puso ayer tarde muertos necesarios para provocar intervención ejército, única fuerza en este país frente a debilidad partidos políticos oposición, capaz de poner fin al Gobierno del presidente Chávez. Y así fue. De nuevo el embajador Viturro explicaba en la madrugada hora de Caracas del día 12 de abril el pronunciamiento de la Junta Cívico Militar presidida por Carmona. Cito: Presidente Carmona, rodeado de militares, habían conseguido renuncia ex presidente Chávez, anunció desde el Cuartel General Ejército Tierra fin paro nacional indefinido y llamó a pueblo venezolano a reanudar actividades vida normal en la más absoluta calma. Durante negociación con ex presidente Chávez se acordó que éste decretaría previamente destitución su equipo ministerial y especialmente vicepresidente República, quien está constitucionalmente llamado a suceder al presidente República en caso acefalía del Estado. Sólo tras firma dicho documento, se procedió a que presidente Chávez firmara su renuncia. De esta forma, repito, de esta forma se pretende cubrir jurídicamente cambios se están produciendo. Legitimidad Junta Cívico Militar nombró a Pedro Carmona presidente Gobierno provisional. Vendría dada en artículo 350 esta Constitución. Cierro cita.

Señorías, este telegrama informa perfectamente, sin ambigüedad ni confusión posible, de la trama jurídico-política del golpe de Estado. Repito y reitero lo que dice el telegrama: De esta forma se pretende cubrir jurídicamente cambios se están produciendo.

En ese mismo telegrama, el embajador Viturro explicaba el contenido del artículo 233 de la Constitución, aunque de manera parcial, al olvidar que éste también exigía que dimitiesen el presidente y vicepresidente de la Asamblea Nacional, dando simplemente por buenas las palabras de los golpistas de que el presidente Hugo Chávez había dimitido tras cesar ante su vicepresidente, oculto para protegerse, y a todo su Gobierno. No señaló sin embargo que el artículo 233 de la Constitución exigía que además dimitiesen el presidente y el vicepresidente de la Asamblea Nacional. Como sabemos todos, los documentos de renuncia del presidente Hugo Chávez y el decreto de cese de su vicepresidente y Gobierno jamás fueron mostrados públicamente por la Junta Cívico-Militar, y ni han aparecido después. Pero insisto: aunque eso hubiera ocurrido, el artículo 233 exigía también que dimitiesen de sus responsabilidades el presidente y el vicepresidente de la Asamblea Nacional, y les aseguro que tanto nuestra Embajada en Caracas como nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid existían copias de la Constitución venezolana de 1999. No sé si se han distribuido también -pido excusas- copias de estos artículos de la Constitución venezolana.

No cabía, por lo tanto, siguiendo las informaciones del propio embajador, y con la Constitución venezolana en la mano, malentendido alguno. Aquello era un golpe de Estado.

Mientras tanto, en Madrid, el entonces secretario de Estado de Cooperación Iberoamericana, Miguel Ángel Cortés, según declaraciones propias que recoge el diario El País en su edición de 24 de noviembre de 2004, y amplía la del 25 de noviembre, inició contactos para hacer pública la declaración conjunta sobre Venezuela que les he distribuido. Incluso ha trascendido, a través de declaraciones públicas de altos funcionarios que participaron en la elaboración del texto, que la iniciativa de la declaración conjunta partió del Gobierno español. En dicha declaración se manifestaba el rechazo a los actos de violencia y se pedía su cese, se expresaba el deseo de una normalización democrática plena, la consolidación de las instituciones democráticas con ayuda de la Organización de Estados Americanos y la convicción de que sólo un marco democrático estable puede ofrecer un futuro de libertad y progreso al pueblo venezolano.

Dicha declaración conjunta fue distribuida después del pronunciamiento de la Junta Cívico-Militar y la detención por los militares golpistas del presidente constitucional de Venezuela Hugo Chávez en la madrugada del día 12. Pero antes de que Carmona y la junta golpista emitiesen el llamado decretazo, designando a Carmona presidente provisional y estableciendo un Gobierno provisional en abierta violación del orden constitucional.

¿Por qué era tan importante esta declaración? Ante todo, porque ponía en cuestión que el Gobierno del presidente Chávez fuese capaz de asegurar un marco democrático estable, la plena garantía de los derechos y libertades fundamentales, el orden público y la seguridad ciudadana. Todos ellos elementos extraídos precisamente del artículo 350 de la Constitución venezolana del 99, en el que se afirma textualmente que, cito: El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos.

Este artículo 350 es clave, como acertadamente había informado antes el embajador Viturro, porque la legitimidad de la Junta Cívico-Militar sólo podría sustentarse en él, para a continuación aplicar el artículo 233 y producir así una transición de poderes en el marco constitucional, porque la Constitución de Venezuela del 99 simplemente no contempla la posibilidad de vacío de poder, y por eso exige la renuncia en cadena de hasta cuatro autoridades del Estado.

Señorías, recordemos para dar continuidad a la línea argumental que el anterior Gobierno de España sabía que el fundamento jurídico del golpe de Estado se basaba en el artículo 350 de la Constitución venezolana y que cualquier posicionamiento internacional de España o de la Unión Europea daría amparo internacional a las pretensiones de los golpistas.

Además eran fundamentales porque la Carta Democrática Interamericana, aprobada por la OEA el 11 de septiembre de 2001 en Lima, que España ha hecho suya hacía imposible que los Estados miembros pudieran reconocer un Gobierno surgido de un golpe de Estado, haciendo imposible invocar la doctrina Estrada. De hecho el embajador y el Gobierno español ni siquiera se atrevió a invocarla porque sabía que estaba sometida a su aprobación de la Carta Democrática Interamericana de la OEA. Si la junta provisional golpista quería ser reconocida por la OEA tenía que argumentar jurídicamente que se había producido un traspaso de poderes constitucional y no un golpe de Estado. Como sabemos tras intensos debates, que comenzaron el día 13 de abril, el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos en sesión extraordinaria acabaría condenando sin ambages el golpe de Estado. Mientras tanto nuestra embajada en la OEA, que tiene estatuto de observadora, remitió inmediatamente al secretario general Gaviria copia, tras hacerse pública de la declaración como presidencia de la Unión Europea emitida por el anterior Gobierno español en la que se hacía un reconocimiento implícito del Gobierno provisional golpista.

El ministro Piqué, según telegrama de nuestra embajada en la OEA fechado el día 13, habló por teléfono con Gaviria sobre la conveniencia de retrasar la reunión extraordinaria del Consejo Permanente a la espera de los resultados de la Cumbre del Grupo de Río que se reunía en San José de Costa Rica y cito: Evitar asistencia del todavía representante permanente de Venezuela embajador Jorge Valero, cuya presencia podría producir situación tensa. Quiero subrayar que también el Grupo de Río condenó sin paliativos el golpe de Estado el mismo día 12 de abril y que dicha decisión fue adoptada por los jefes de Estado de los 19 países latinoamericanos antes del decretazo. Asimismo el Gobierno de Chile cesó a su embajador en Caracas como consecuencia de sus declaraciones de apoyo a Carmona después del decretazo. Además, cuatro países a los que se solicitó que se sumasen su firma a la declaración conjunta se negaron, estamos hablando de México, Brasil, Argentina y Francia. El entonces canciller mexicano Jorge Castañeda, que no era precisamente un admirador de Chávez, ha afirmado públicamente que hubo ?y cito- el intento de buscar una declaración que de alguna manera apoyara, sancionara, avalara el golpe de Estado y reconociera el nuevo Gobierno. Es una declaración que no procede de un observador distante, sino del ministro de Asuntos Exteriores de un país que había sido invitado a sumarse a la declaración. Estas afirmaciones las recoge El País en su edición de 27 de noviembre último.

El Ministerio de Asuntos Exteriores español conoció la promulgación del decretazo y la ruptura de cualquier atisbo de legalidad constitucional con posterioridad a que se hiciera pública la declaración conjunta que instaba a los golpistas a preservar las apariencias de legalidad rotas. Por ello dio instrucciones al embajador Viturro para que se entrevistase con el autoproclamado presidente Carmona y le subrayara la importancia de mantener la apariencia de legalidad constitucional, condición imprescindible para su reconocimiento internacional. Ese telegrama del embajador Viturro, fechado el mismo día 13 de abril, comienza con cuatro palabras y cito: Siguiendo instrucciones VE, vuecencia o vuestra excelencia, repito, siguiendo instrucciones VE. Y continúa: Fuimos recibidos por el presidente del Gobierno provisional, Pedro Carmona, y por el ministro de Asuntos Exteriores José Rodríguez Iturbe. Desde el primer momento puntualizábamos que se trataba de una gestión de representantes de dos países amigos de Venezuela que por su parte se consideran amigos del señor Carmona y que la gestión no tenía por objeto inmiscuirnos en asuntos internos, cierro citación.

Señorías, antes de continuar con la descripción de lo que ocurrió en esa entrevista, la primera que concedió a representantes extranjeros el golpista presidente provisional Carmona tras su destinación por los 50 firmantes del decretazo, permítanme SS.SS. recapitular hasta dónde hemos llegado en la exposición de los hechos. Primero, en Venezuela hubo un golpe de Estado el día 12 con el pronunciamiento de la junta cívico militar que detuvo al presidente Chávez y a los miembros de su Gobierno. Segundo, este golpe basaba su legitimidad en el artículo 350 de la Constitución que he leído antes y en la veintena de muertos asesinados por francotiradores. Tercero, la junta cívico militar anunció que el presidente Chávez había renunciado a su cargo y que el vicepresidente había abandonado su cargo, sin embargo, no presentó documento alguno que lo probara. El embajador Viturro envió la versión de los militares golpistas a Madrid sin contrastarla. Cuarto, a partir de la condena sin paliativos del Grupo de Río del día 12 al Gobierno español sólo le quedaban dos opciones, o sumarse a la condena de los países más importantes de América Latina, o adoptar otra posición. Quinto, de acuerdo con el artículo 233 de la Constitución bolivariana la jefatura del Estado correspondía en esta situación al presidente de la Asamblea Nacional. Éste y su vicepresidente se opusieron al golpe de Estado y no dimitieron. Es en esas circunstancias cuando la junta cívico militar decide firmar el decretazo y disolver la Asamblea Nacional quitándose así cualquier disfraz de legalidad constitucional y colocándose fuera de la Carta Democrática Interamericana. Si hasta ese momento se podía hacer una interpretación, por forzada que fuera, comprensiva de los hechos u alegar un supuesto vacío de poder no cabe duda alguna que tras el decretazo esta interpretación sólo podría repugnar a la razón.

Señorías, volvamos ahora tras esta recapitulación a la entrevista del embajador de España con Pedro Carmona Estanga presidente provisional golpista tras el decretazo. El embajador Viturro que se entrevista con el golpista Carmona siguiendo instrucciones, reitero, siguiendo instrucciones mientras el presidente constitucional Chávez está retenido por las fuerzas golpistas informa a Madrid y cito: La conversación, que se desarrolló en un ambiente distendido y cordialidad, nos permitió incluso subrayar nuestra sorpresa a la disolución de la asamblea y que actitudes como esa podían hacer difícil que pudiésemos en el futuro expresar nuestra amista hacia él y nuestra comprensión hacia el anunciado proceso de consolidación de las instituciones democráticas en Venezuela. (El señor Arístegui y San Román: Y eso es ser golpista.- Rumores.) Me permito aquí subrayar ese insólito en el futuro porque previamente el embajador Viturro había expresado a Carmona según su telegrama ?y cito- nuestra sorpresa por alguna de las medidas de este decreto que contradecían expresiones que el presidente Carmona había hecho al asumir mandato provisional en la noche anterior, en el sentido que se respetaría al máximo legalidad vigente. Cabría pensar que el anterior Gobierno de España había actuado de buena fe desde la madrugada del día 12 cuando se produce el pronunciamiento cívico militar hasta el decretazo. Sin embargo, los hechos antes relatados demuestran que el Gobierno anterior cometió un grave error de apreciación y de gestión diplomática de esta crisis. Las gestiones posteriores del ministro Piqué y del secretario de Estado Miguel Angel Cortés y las instrucciones que se impartieron oralmente, y de las que el embajador Viturro acusó recibo, tuvieron lugar sabiendo que se trataba de un golpe de Estado y participando en la articulación de su reconocimiento internacional. Pero además hay un elemento adicional aún más revelador. El día 12 bajo su exclusiva responsabilidad como presidencia de la Unión Europea el Gobierno español hizo público una declaración que citaré a SS.SS. y que también ha sido distribuida.

En su último punto decía, traducido al castellano del original inglés: Finalmente, la Unión Europea confía que el Gobierno provisional ?insisto, Gobierno provisional- no ya la Junta Cívico Militar, respetará los valores e instituciones democráticas con el objetivo de superar la actual crisis en un marco de concordia nacional y respetando plenamente los derechos y libertades fundamentales. Señorías, el objetivo de la entrevista del embajador con el señor Carmona era insistir en que el decretazo había violado precisamente los valores e instituciones democráticas y no cabía la menor duda que no respetaba los derechos y libertades fundamentales del presidente constitucional Hugo Chávez y de los miembros de su Gobierno a los que retenía por la fuerza. El embajador Viturro finaliza el informe de su entrevista con el señor Carmona así: Insisto en subrayar la cordialidad y franqueza con que se desarrolló toda la conversación en la que los hechos y opiniones fueron expuestos sin paños calientes y que, tanto mi colega como yo, coincidimos en la percepción de que los propósitos de nuestros interlocutores eran sinceros. Cierro cita. Sobran comentarios.

Para evitar que exista y que persista la menor duda permítanme SS. SS. llegar a las mismas conclusiones por otras vías. De nuevo, ¿le podía caber al embajador Viturro y al Gobierno español alguna duda de que el autoproclamado presidente Carmona estaba fuera de la legalidad? Difícilmente. En cualquier caso, toda posible justificación desaparece entrado el día 13. En ese día 13 el embajador Viturro advirtió en un informe que la fiscal del Ministerio Público venezolano y directora de derechos fundamentales del citado organismo se había personado el día 12 en Fuerte Tiuna, base militar donde estaba retenido Chávez. Solicitó verle y exigió constancia escrita expresa de su renuncia como presidente y que ambas peticiones le habían sido denegadas. En el mismo informe enviado por telegrama el embajador Viturro añadía que la ONG de derechos humanos, Provea, había exigido la expulsión de Venezuela como miembro de la OEA por el golpe de Estado, que el presidente de la Federación Iberoamericana del Ombudsman había anunciado que elevaría una denuncia ante la Comisión de Derechos humanos en Ginebra, el siguiente 18 de abril, por las violaciones de los derechos fundamentales que estaban cometiendo los golpistas y que también habían denunciado el golpe de Estado el fiscal general de la República y el Defensor del Pueblo, mientras que los documentos de renuncia exigibles por el artículo 233 seguían sin aparecer. A pesar de todo ello, el Gobierno español siguió insistiendo en su línea de actuación. El entonces presidente José María Aznar atendió la llamada telefónica que le hizo Carmona, como confirmó él mismo en esta Cámara en respuesta al señor Llamazares el 17 de abril de 2002. El presidente del Gobierno español, insisto, no podía ignorar que estaba hablando por teléfono con un golpista porque así lo había informado el embajador de España en Venezuela. El embajador continuó informando. Ese mismo día 13 de abril advierte ya que los tres francotiradores detenidos tras los asesinatos del jueves pertenecían a la policía metropolitana de Caracas, a la policía del municipio de Baruta y a la policía del municipio de Chacao, curiosamente, advierte el embajador, todos ellos controlados por partidos opositores al Gobierno Chávez. Añade además, número de militares apoyan restablecimiento Constitución 1999 es más numeroso del que se cree y pidiendo calma a población afirmaron si iban a restablecer situación en próximas horas. Termino cita. De hecho, efectivamente, la normalidad institucional se restablecería pocas horas después, acabando con el golpe cívico-militar encabezado por Carmona. Carmona se dirigió al país el mismo día 13 por la noche para reconocer la asunción de la Presidencia por el vicepresidente constitucional Cabello, de acuerdo con artículo 233 de la Constitución Venezuela, que Carmona evidentemente sí conocía y no había ignorado como otros. Con la evidente intención de preparar su defensa posterior y mantener hasta el último momento la ficción de que había actuado, de acuerdo con el artículo 350 de la Constitución, hizo entrega de su cargo como presidente golpista paradójicamente a la misma Asamblea Nacional que había disuelto cuando ni su presidente ni su vicepresidente habían dimitido. El día 14 el diario, Ultima Noticia de Caracas, publicaba en portada un texto manuscrito del presidente Chávez firmado el día 13 en el que aseguraba que en ningún momento había renunciado a su cargo como presidente constitucional de Venezuela. Preguntado el entonces secretario de Estado, director del Centro Nacional de Inteligencia, Jorge Dezcallar, en una entrevista publicada por El País, el 28 de abril de 2002, si, hablando de eficacia, ¿se enteró previamente el CESID de la crisis que se estaba preparando en Venezuela? El señor Dezcallar responde: Tuvimos una información bastante buena. Se supone que iba a ser más tarde y todo se precipitó. Aquello tuvo altos y bajos. Ni los propios actores sabían cómo iba a terminar, que la situación se estaba degradando y se descontroló en un momento determinado. Sí, estuvimos en condiciones de saberlo. Tenemos un servicio que es bueno en aquello de lo que sabemos. Cierro cita de la entrevista del señor Dezcallar. (Rumores.)

Señorías, el propio embajador Viturro al hacer balance de lo sucedido en un telegrama del día 16 de abril del 2002 decía, y abro cita: Citado Gobierno nació ilegalmente. Repito, según el propio embajador, citado Gobierno nació ilegalmente. Si bien es cierto que artículo 350 Constitución 99 permite y justifica derecho de rebelión frente a autoridad establecida, esa misma Constitución establece que Presidencia República debe recaer en vicepresidente y por interpretación analógica en presidente Asamblea Nacional en caso ausencia áquel. Autoridad constituida tras derrocamiento presidente Chávez era ilegal, pero esa ilegalidad se hizo más fuerte y Carmona mostró su gran torpeza al no saber disimularla cuando decreto establece, Gobierno transición democrática disuelve Asamblea Nacional, destituye titulares órganos del Estado y faculta a dicho Gobierno para deponer a gobernadores y alcaldes elegidos democráticamente y para legislar por encima Constitución y ordenamiento jurídico establecido.

No puedo estar más de acuerdo ni se puede explicar mejor. Continuando con su balance de los sucesos, en telegrama del día 17 el embajador Viturro añadía: Conforme pasan los días se van conociendo más datos sobre sucesos pasado jueves once. Quiero de nuevo llamar su atención sobre lo que sigue. Cito: Que confirman tesis inicial había avanzado esta Embajada sobre intento aprovechar crisis petróleos de Venezuela para provocar muertes dieran lugar derrocamiento presidente Chávez. A cargo militares estaban siendo incitados a ello por ciertos grupos conspiradores oposición.

Señorías, no quiero cansarles más y lamento haberme alargado bastante más que 59 segundos para sustentar lo mismo que dije en el programa de televisión. (Rumores.) Abusando de su paciencia, permítanme por tercera, y última vez, recapitular lo expuesto: Primero. No existe duda alguna de que en Venezuela se produjo un golpe de Estado. Segundo. Los instigadores del golpe de Estado, la Junta Cívico Militar buscaba una transición de poder con apariencia constitucional que les permitiese ser reconocidos internacionalmente como el nuevo Gobierno de Venezuela, de acuerdo con la Carta Democrática de la OEA. Tercero. El anterior Gobierno de España tomó la iniciativa de emitir un comunicado conjunto que pretendía facilitar legitimidad internacional al golpe en los mismos términos que el artículo 350 de la Constitución venezolana y la Carta Democrática Interamericana de la OEA. Otros cuatro países que fueron invitados a sumarse a la declaración conjunta declinaron hacerlo. Por otra parte, el Gobierno de España, como Presidencia en ejercicio de la Unión Europea, emitió una declaración en la que se elude cualquier referencia al golpe y se menciona al Gobierno provisional. Ello contrasta con la declaración de condena del Grupo de Río en la que se condena la ruptura institucional. Cuarto. La resistencia de Hugo Chávez, el ocultamiento del vicepresidente Cabello y la oposición del presidente y vicepresidente de la Asamblea Nacional, bloquearon una transmisión de poderes de apariencia constitucional a los golpistas, de acuerdo con el artículo 233 de la Constitución bolivariana. Ello sitúa a Carmona y al resto de los firmantes del decretazo que proclamaba el Gobierno provisional, fuera de la legalidad constitucional y la Carta Democrática Interamericana de la OEA.

Quinto. A pesar de todo lo anterior y de haber sido informados con gran detalle por el embajador de España y por otras fuentes de que se trataba de un golpe de Estado, los entonces responsables del Ministerio de Asuntos Exteriores dieron instrucciones al embajador, de las que este acusó recibo, para que se entrevistase con el presidente provisional golpista Carmona -y ello mientras estaba detenido por la fuerza el presidente constitucional Chávez y su Gobierno- y le advirtiese no de que debía liberar inmediatamente al presidente constitucional, sino de que debía respetar los compromisos rotos por el decretazo para que el Gobierno provisional surgido de la Junta Cívico-Militar pudiera ser reconocido por la OEA. El propio presidente Aznar respondió a la llamada de Carmona, a pesar de saber que era un golpista, para aconsejarle en este mismo sentido. Con ello, he demostrado fehacientemente que mis tres afirmaciones son ciertas: que en Venezuela hubo un golpe de Estado, que el embajador Viturro recibió instrucciones y que el efecto de dichas instrucciones ayudaba a legitimar el golpe de Estado de la Junta Cívico-Militar, dándole cobertura internacional. Y solo cuando el golpe fracasó, la ambigüedad implícita de los términos utilizados permitió que el mismo discurso sirviera para exigir al presidente Chávez diálogo y respeto de los derechos cívicos para los golpistas que acababa de violarlos.

Insisto: en ningún momento se puede interpretar de mis palabras que el anterior Gobierno español instigase o participase en la preparación y ejecución del golpe de Estado. Nunca dije eso; afirmar lo contrario sería una calumnia. (Protestas.)

Mis afirmaciones deben entenderse en el sentido de que por apoyar quiero decir no condenar el golpe de Estado, endosarlo y tratar de ofrecerle legitimidad internacional, pero de todo lo anterior se deduce que el anterior Gobierno cometió, cuando menos, un grave error de apreciación y de gestión de la crisis en contra de la práctica y los usos diplomáticos.

Señorías, hasta aquí les he relatado lo acaecido, la secuencia de los hechos, hechos sobre los que no mentí; ahora bien, aun siendo ciertas mis apreciaciones, creo que existe un consenso general en el país que yo también comparto: que el lugar para hacer esas afirmaciones, aunque sean verdad, no era el adecuado ni el momento, el oportuno y que fueron desafortunadas. Por tanto, asumo mi error y me disculpo. (Rumores.)

El señor PRESIDENTE: Un momento, señor ministro.

Les ruego silencio. Después, cada grupo parlamentario tendrá oportunidad de exponer sus posiciones.

El señor MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES Y DE COOPERACIÓN (Moratinos Cuyaubé): Este Gobierno, como ha explicado en varias ocasiones el presidente Zapatero, tiene a gala reconocer sus errores ante los ciudadanos y corregirlos y eso hago en este instante sobre la oportunidad y el momento de mis afirmaciones, que, por otra parte, he demostrado ciertas.

Dicho lo cual, queda un último aspecto. ¿En qué coyuntura política se inscribe esta polémica? Mis declaraciones se produjeron cuando el Partido Popular estaba interpelando al Gobierno, y a mí mismo como ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, sobre la política iberoamericana, y en concreto sobre Venezuela. Lejos de buscar espacios para el consenso, las críticas del principal partido de la oposición arreciaron tras la Cumbre Iberoamericana de San José de Costa Rica. Esta fue también la actitud del representante del Partido Popular, creando tensión y buscando polarizar la discusión? (Rumores.- El señor Moragas Sánchez: ¿Y qué? ¿Y qué?)

El señor PRESIDENTE: Por favor, por favor, señor Moragas, les ruego que respeten al señor ministro y, después, cada uno?(Rumores.- La señora Castro Masaveu pronuncia palabras que no se perciben.)

Por favor, soy yo quien tiene la responsabilidad de advertir del orden a quien crea conveniente y me dé cuenta, sea un bando u otro de esta Cámara. (El señor Soravilla Fernández: Vale.) Y en cualquiera de los casos? (El señor Soravilla Fernández: Si, si, ya te has explicado.)

Un poco de respeto, señor diputado, al presidente de la Comisión. Sí me he explicado? (El señor Soravilla Fernández: Y muy bien. Ya está.) Consecuentemente, usted no tiene por qué dar explicaciones respecto a mi actitud y nadie de esta Cámara, ni un grupo ni el otro, tiene que advertir al presidente cuál es su obligación, que la sabe perfectamente. (El señor Soravilla Fernández: Fantástico.) Y le llamo al orden.

Por favor, señor ministro.

El señor MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES Y DE COOPERACIÓN (Moratinos Cuyaubé): Nunca existió por mi parte voluntad alguna de ofrecer la oportunidad de desatar una confrontación política en torno a este tema. La política exterior se ha convertido en parte esencial del debate político ciudadano, que exige la construcción de un nuevo consenso en defensa de nuestros intereses nacionales y nuestros objetivos internacionales, pero, sobre todo, a partir de unos valores democráticos y ciudadanos, entre ellos y sobre todo, la verdad, lo que para mí es esencial. Desde que tuve el honor de asumir mis responsabilidades como ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, siempre, en todas mi intervenciones parlamentarias he ofrecido a todos los grupos la voluntad de construir un consenso en política exterior. Hasta ahora, del Partido Popular solo hemos escuchado rechazos. No obstante, una vez más, apelo al sentido de Estado del Partido Popular para que podamos construir todos juntos una política exterior de Estado. (Rumores.- La señora Castro Masaveu: Ahora, ahora.)

Asumo que he podido estar desafortunado en la forma. Me obliga a esta admisión una exigencia ética que siempre me he impuesto por encima de cualquier otra consideración de conveniencia personal o política, pero me lo exige también, y sobre todo, una adhesión incondicional al juego limpio político, que dignifica esa política con mayúsculas, que se encuentra en las antípodas de la política partidista, con minúsculas y de regate corto.

Concluyo. Lamento que mis declaraciones hayan sido aprovechadas para crear una polémica política sobredimensionada. Muchas de SS.SS. y gran parte de la ciudadanía saben de mi trayectoria personal y profesional. En todas mis responsabilidades siempre me he guiado por mi compromiso con los principios y valores democráticos. El respeto al otro y el diálogo siempre han sido parte de ese compromiso, con humildad y sin rencor. (Aplausos.)

El señor PRESIDENTE: Seguimos con el orden del día y, por tanto, con las intervenciones de los diversos grupos parlamentarios, de menor a mayor. (La señora Castro Masaveu pide la palabra.)

¿Señora Castro?

La señora CASTRO MASAVEU: Disculpe, señor presidente, pero es por una cuestión de orden y, sobre todo, a efectos de visualizar la presencia de cada grupo en esta Cámara. Siempre se han respetado, y usted lo sabe, los sitios que tiene cada uno de los grupos parlamentarios. En el espacio que debería ocupar el Grupo Parlamentario Popular, en estos momentos hay diputados de otros grupos y desearíamos que todos estuviésemos sentados en los sitios que nos corresponden. (Rumores.- El señor Madina Muñoz: A la calle, a la calle.)

El señor PRESIDENTE: Por favor, les pido que respeten y escuchen con atención las intervenciones de los diversos representantes de los diversos grupos, gusten o no gusten.

La señora CASTRO MASAVEU: Gracias, señor presidente.

Lo digo porque están los medios de comunicación -quiero decirlo así de claro- haciendo fotos, están las cámaras de televisión retransmitiendo la sesión de la Comisión, y en estos espacios correspondientes al Partido Popular hay personas que no se están pronunciando en el mismo sentido que nosotros y que consideramos que deberían estar ubicados en otro sitio.

(El señor Estrella Pedrola pide la palabra.)

El señor PRESIDENTE: Señor Estrella.

El señor ESTRELLA PEDROLA: Señor presidente, no deja de sorprenderme lo que acabo de escuchar, pero si el Grupo Popular se declara incapaz de convivir y de compartir un espacio físico con el adversario político y compañero parlamentario, voy a pedir a mis compañeros del Grupo Socialista que busquen asiento en otro lugar de esta sala. (Rumores y protestas.)

El señor PRESIDENTE: Les ruego, por favor, que escuchen las breves palabras de esta Presidencia. Aun no habiendo regla, en el uso tiene la razón la señora Castro y, por tanto, les ruego y les agradezco al Grupo Socialista que haga ese traslado de las personas que están ubicadas en los bancos, teóricamente del Grupo Popular.

La señora CASTRO MASAVEU: Gracias, señor presidente.

El señor PRESIDENTE: A usted.

Acabados los flujos migratorios, tiene la palabra la representante del Grupo Mixto, la señora Lasagabaster.

La señora LASAGABASTER OLAZÁBAL: Dentro de esta pequeña cuestión previa, la verdad es que no sé dónde tengo que sentarme?

El señor PRESIDENTE: Está usted muy bien sentada, señora Lasagabaster, no se preocupe.

La señora LASAGABASTER OLAZÁBAL: Bien acompañada estoy, desde luego, y en todo caso no tengo ningún inconveniente en sentarme con cualquier grupo parlamentario porque a todos respeto y espero que todos me respeten. (Aplausos.)

En cualquier caso, en esta comparecencia pedida por el propio Gobierno y el ministro de Asuntos Exteriores, nosotros hemos venido, ciertamente a escuchar porque queríamos saber de primera mano cuál era el trasfondo y, en definitiva, cuáles eran los datos que, lógicamente, esta diputada no ha tenido nunca porque no ha pertenecido al Gobierno ni en la anterior legislatura ni en esta. Escuchar es importante en política para poder hacer una reflexión final en relación con lo acertado, tanto del contenido como de la manera de proceder a hacer declaraciones.

Respecto de esta comparecencia podríamos plantear tres cuestiones de distinta naturaleza y me explicaré. La primera cuestión sobre la que podríamos hablar, siendo una Comisión de Asuntos Exteriores, es de que consideramos la política de Venezuela desde el mismo punto de vista desde el que hacemos un análisis de cualquier país del mundo, siempre, lógicamente -al menos desde Eusko Alkartasuna-, desde dos baremos vitales: el respeto a la soberanía de los pueblos y, por supuesto, la no injerencia, y también la defensa de los derechos humanos. Pero no creo que esta comparecencia tenga como objeto hacer un análisis de la política de Venezuela en los distintos momentos históricos ni tampoco en el actual. Por tanto, podríamos hacer ese análisis como lo hacemos de cualquier otro país, dentro de estos dos principios: respeto a la soberanía y defensa de los derechos humanos.

La segunda cuestión sobre la que podríamos hablar en relación con esta comparecencia -y creo que se acerca más a lo que queremos todos y a lo que quiere el propio Gobierno, que se desprende del porqué surge esta comparecencia- se refiere a conocer -y en este caso, lógicamente, poco podemos opinar- cuál fue la actuación del Gobierno del Partido Popular en el llamado para unos vacío de poder y para otros -desde luego, es nuestro caso- un golpe evidente? (Rumores.)

El señor PRESIDENTE: Por favor, les ruego silencio para que todos podamos seguir con atención la intervención de la señora diputada.

La señora LASAGABASTER OLAZÁBAL: Para otros un golpe evidente en relación con la falta de cumplimiento de las propias previsiones constitucionales de los artículos 233 y 350 de la Constitución de Venezuela. Vamos a releer atentamente la declaración, pero nuestra impresión tras haberla escuchado y con los datos que se nos advierten es que creo que se confirma lo que ya intuíamos todos en aquellos días del 11 al 14 de abril y que, evidentemente, supone que el Gobierno del Partido Popular, si no incitó -y eso no lo ha dicho usted y, por tanto, no lo he oído y no lo digo-, sí de alguna manera no tuvo reparos -como sí tuvieron, por cierto, otros Estados miembros y otros países- en seguir -por utilizar una expresión coloquial- la llamada consolidación de un gobierno provisional -término que nos remite a otra serie de intentos de golpes de Estado muchos más cercanos a esta Casa- ni tuvo reparos, desde el punto de vista de la política y del respeto a la soberanía de los pueblos, en no dejar de apoyarlo. Por lo tanto, lo que usted señaló de una manera muy coloquial y muy simple -permítame la expresión- y lo que ya intuíamos es que la actuación del Gobierno del Partido Popular fue, al menos, la de mantener un apoyo a un golpe que se podía considerar como tal por las actuaciones contrarias a las previsiones constitucionales. En este sentido, se confirma lo que se intuía, lo que se vio y a partir de ahí podemos hacer matices en cuanto a lo que fue -entre comillas- ese apoyo, por qué se dio ese apoyo y por qué no se actuó como otros países tales como, creo recordar, Francia, Brasial, Méjico y algunos más que ha citado, que tenían muy claro y dejaron muy claro -como lo hizo el comunicado de la OEA- que no se puede apoyar un golpe de Estado. Esto tampoco nos sorprende -vamos a dejarlo claro-, porque hay fuerzas políticas -y no voy a entrar ahora a hablar del pasado- que tenemos claro que puede gustar o no un determinado gobierno pero que hay que respetarlo, y hay fuerzas políticas que no tienen reparos en utilizar otros sistemas para intentar desbancar a determinados sistemas o gobiernos de otros países e incluso del nuestro. Por tanto, no nos sorprende nada. En todo caso, nosotros no compartimos la política exterior del anterior Gobierno -lo hemos dicho muchas veces- ni en este tema -independientemente, de que podríamos entrar a analizar profundamente la cuestión de Venezuela- ni en el hecho de que se base en la fuerza, en el poderoso y en el no respeto a la legalidad internacional ni en usar como criterio el ataque al que piensa distinto. Y esto sí lo hemos vivido en esta Casa y en este Estado con el anterior Gobierno. Hubo instituciones vascas que han sido objeto de ataque a través de la política exterior del Gobierno Popular por pensar de forma diferente. Nosotros no hemos apoyado ni apoyaremos ese sentido de política exterior que tenía el Gobierno del Partido Popular.

¿Es conveniente entrar a valorar el pasado? ¿Es conveniente saber lo que ocurrió en el pasado? Evidentemente, son elementos que podemos destacar. ¿Es conveniente saber la verdad? Es conveniente. ¿Cómo hay que hacer saber esa verdad? Eso se puede evaluar. ¿Es necesario entrar en una dimensión futura? En esto no vamos a entrar. Desde luego, mis actuaciones y mis declaraciones jamás han sido perfectas; me equivoco muchas veces y, desde esta perspectiva, no me considero capacitada para tratar de exigir la perfección a los demás. Sí considero que, una vez que uno se ha equivocado, hay que tratar de no volver a hacerlo. Al menos eso es lo que intento hacer yo y el mismo baremo que me aplico a mí misma aplico a los demás. Usted mismo ha señalado su propia manera de proceder derivada de lo que fuere???, pero, en todo caso, esa es una valoración que hace usted y yo no voy a exigir más perfección de la que yo no tengo. A partir de ahí vamos a mejorar las cosas.

Dichas estas tres reflexiones, haré una conclusión y es la siguiente. Nosotros no vamos a coadyuvar ni a apoyar ni a incentivar ni a admitir la utilización que se está realizando de la política exterior, así como de otras políticas -por cierto, no de la política antiterrorista en la que también podrían haber roto el pacto y el preámbulo en el cual se acusa injustificadamente y se criminalizan las ideas; rompan también eso si les parece oportuno, porque eso sí es lo que hay que romper: criminalizar ideas de otros-; una política de agitación, de crispación, y si quieren llamarlo así ustedes, de hooliganismo. (Rumores.) Jamás lo hemos hecho y tenemos muchas diferencias y tenemos muchas diferencias con unos y con otros, tanto en materia de política exterior como en otras materias, pero siempre hemos tenido respeto hacia el diferente y hacia otras ideas y tratamos de hacer aportaciones.

(Termina la señora Lasagabaster)

Creo que la semana pasada, en la Comisión de Asuntos Exteriores, aprobamos con un gran consenso, incluso podría haber sido con unanimidad si hubiese habido un poco más de tiempo, determinados aspectos de política exterior que redundan en el respeto a otros pueblos pero también en el respecto a los derechos humanos -ejemplos claros tenemos en lo que ha pasado en Cuba esta semana- desde la perspectiva de que cada uno tenemos nuestra propia opinión. Creo que eso requiere mucho trabajo, y no utilizar la agitación, que no nos parece de recibo, no utilizar el Parlamento como arma arrojadiza de unos contra otros porque el Parlamento es algo más serio que todos nosotros. En este sentido, hoy tengo que lamentar, lo digo sinceramente, que el Parlamento haya sido no bien utilizado en un viaje institucional en el que íbamos a acompañar al ministro de Asuntos Exteriores en un tema tan difícil en el que nosotros humildemente sólo queremos ayudar. Lamentamos que la institución parlamentaria sea hoy lo cogemos, hoy lo dejamos; que se anule (si es que se ha anulado porque nadie nos ha dicho nada) un viaje a Oriente Medio para intentar conocer la situación y ayudar. En todo caso, volvemos a decir lo mismo porque siempre hemos dicho lo mismo: el Parlamento es algo mucho más serio que todos nosotros. Es el ejercicio de las distintas ideas, nos sentemos al lado o nos sentemos alejados, y nosotros jamás utilizaremos una política de crispación o de agitación porque no se defiendan nuestras ideas en el Gobierno o en la oposición.

El señor PRESIDENTE: Por el Grupo Parlamentario de Coalición Canaria tiene la palabra don Luis Mardones.

El señor MARDONES SEVILLA: Sean mis primeras palabras de agradecimiento al señor ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, señor Moratinos, por la información amplia que nos ha facilitado a los miembros de esta Comisión para analizar toda esta situación de escandalera que se ha producido por el hecho de sus declaraciones en el programa 59 segundos, de Televisión Española.

Empiezo por hacer una observación de lo que ha significado en Canarias la situación en Venezuela. En este momento hay censados más o menos unos 300.000 canarios en la República de Venezuela y puede alcanzar la cifra de un millón las personas que proceden de emigrantes aunque tengan actualmente la nacionalidad venezolana, y el golpe de Estado de abril del año 2002 significó en Canarias unas horas de incertidumbre, de temor, de confusión que se reflejó incluso con el colapso de las líneas telefónicas entre Canarias y Venezuela porque los familiares de los que estaban allí pedían información sobre qué estaba pasando o que grado de inseguridad podrían tener sus familiares en el país venezolano. Dicho esto voy a analizar su intervención, señor ministro, en dos apartados. En primer lugar, la descripción histórico procedimental que ha realizado del golpe de Estado. Usted ha dicho que hubo un golpe de Estado exacto, que hubo unas instrucciones al embajador español, señor Viturro, y otras circunstancias. En Canarias, la confusión vino fundamentalmente por la lectura de los comunicados que llegaron a los medios informativos, y hubo tres comunicados que más o menos usted ha relatado aquí. Uno que hace la presidencia española de la Unión Europea (todos tienen fecha del 12 de abril) y en ese comunicado la confusión se genera porque no hay ningún apartado de condena expresa del golpe. En segundo lugar, se produce el documento más preocupante, que es el comunicado conjunto hispano-norteamericano. El comunicado hispano-norteamericano no tiene firmantes, no se sabe quién firma ese comunicado porque en la declaración conjunta de los gobiernos de Estados Unidos de América y de España sobre la situación en Venezuela se invoca a los gobiernos en un marco peculiarmente llamativo, porque no es ni Naciones Unidas, ni OEA, ni Alianza Atlántica, sino el marco de su diálogo político reforzado (eso debe de ser una institución operativa anónima) y no hay condena expresa sino que se deja paso a una ambigüedad calculada -entendemos nosotros- que en la población canaria produce la primera llamada al confusionismo y a la ambigüedad. La premura (no pasan ni 24 horas) en redactar una declaración conjunta que se dice de los gobiernos de Estados Unidos y de España, y puesto que cada vez que aparece Estados Unidos en cualquier movimiento convulsivo en un país latinoamericano ya empiezan las circulares de si la CIA está más metida, por los antecedentes del golpe de Estado contra el presidente Allende, en Chile, y todas las operaciones de desestabilización que ciertamente o erróneamente se vienen atribuyendo a Estados Unidos a través de su instrumento de la CIA para estar en ese tema, es lógico que a la población normal le llegue la confusión y se piense que hay un binomio de gobiernos Estados Unidos y España que actúan dentro de ese proceder. Nosotros creemos que eso fue un error tremendo de los responsables del Gobierno español porque habría que preguntar quiénes firman esta declaración conjunta de Estados Unidos y España. Nosotros creemos que ahí hay un grado de responsabilidad, de precipitación si se quiere, porque el Gobierno español debería haber mantenido una prudencia y una cautela, pero si tenía que firmar algún comunicado que lo hubiera hecho con los países que forman la OEA o con los que tenemos anualmente las cumbres iberoamericanas (de las que no forma parte Estados Unidos de América) de vinculación a una cultura, a una civilización y a unos intereses políticos. Y sale el comunicado del Grupo de Río, que es en el único en que aparece en su punto tres la condena expresa del golpe y que tiene firmantes, porque ahí firman los presidentes del órgano permanente del Grupo de Río de estos países latinoamericanos. Ése es el comunicado que tiene una racionalidad y una aplicación. En esa senda se debería haber seguido. Por tanto, hubo un golpe de Estado, hubo unas responsabilidades, etcétera.

Paso ya a su aportación personal, señor ministro. Hasta ahora hemos descrito unos hechos, donde hay una responsabilidad pasada que a usted no le atañe. Primera pregunta. ¿Usted conoce, si es que existe un documento secreto hispanonorteamericano, quiénes firmaron y quién toma la iniciativa, si es España o es Estados Unidos, de hacer esta declaración conjunta? ¿Quién le pide a quién que firme junto a él? Este detalle es importante para ir aclarando determinadas responsabilidades al respecto. Y entro ya en el tema personal, para no alargar mi intervención y respetar los turnos de todos los compañeros portavoces. ¿Cuándo conoce usted con exactitud, señor ministro, todos estos informes que nos ha dado? Porque aquí ya lo sitúo en el escenario. Usted ha pedido disculpas porque dice que ha tenido una actuación desafortunada en ese programa de televisión, y yo, al igual que he dicho que el Gobierno anterior cometió un error, creo que usted también cometió un error, algo más que un desliz o una actuación desafortunada porque usted es el representante número uno de la diplomacia española, es el ministro de Asuntos Exteriores, y no solamente por exigencias de carrera diplomática las virtudes fundamentales de la prudencia y de la discreción tienen que adornar los valores de la inteligencia y de la objetividad en las actuaciones que sean procedentes. Yo creo que usted también se equivocó de escenario. Usted, señor ministro de Asuntos Exteriores, no es un contertulio que puede ir a cualquier escenario donde se someta al vapuleo dialéctico de otros profesionales que están en su legítimo derecho de preguntar porque usted puede y debe escoger. Yo supongo que después de lo que ha ocurrido, por aquello de que gato escaldado del agua fría huye, no lo veo a usted más en el programa correspondiente, porque después de la que le ha caído?, la próxima vez se diseñará el escenario donde tenga que hacer sus declaraciones, pactadas o no, pero sin ninguna intromisión de tendencia ajena, porque esto es una responsabilidad que le obliga. Usted ya no está en campaña electoral, cuando no era ministro, ni tiene por qué estar ahora de vocero de determinadas situaciones. Ahora bien, para el análisis de su conducta, si usted ya conocía todos estos antecedentes (ya le he dicho que se equivocó de escenario) una cosa de tan gran responsabilidad dicha por un ministro de Asuntos Exteriores -usted no era un contertulio más que podía decir en ese programa lo que quisiese porque no tendrían transcendencia sus palabras- y más cuando teníamos en el país a don Hugo Chávez, presidente de Venezuela, esas declaraciones podrían tener más arraigo. Si lo que usted dijo, como ha tratado de demostrar, era verdad, lo podía haber hecho público en sede parlamentaria, con todos los respetos a los medios de televisión, porque es tal la transcendencia de los datos que usted ha aportado que para eso está el Parlamento, está esta comisión y está la Comisión de Secretos Oficiales, porque yo creo que temas de esta envergadura requieren que por discreción y prudencia el escenario sea un escenario reservado donde las fuerzas políticas hubiéramos compartido la información que usted nos hubiera facilitado al respecto, si es verdad.

Pues muy bien, pero esto requiere otro escenario, donde estén consolidadas las representaciones democrática fundamentales para poder hacer preguntas de este calibre y de esta envergadura a un ministro de Asuntos Exteriores y que las respuestas del ministro de Asuntos Exteriores o de cualquier otro ministro tengan también repercusiones de envergadura, porque se refieren a la política internacional y a un país con el cual debemos mirar hacia delante, recuperando el diálogo con el Gobierno democrático de Venezuela, en el que los intereses económicos, políticos, culturales y sociales de la población española que allí vive y trabaja, así como de los venezolanos residentes en Canarias y en el resto de España, al igual las relaciones de empresas petrolíferas y la posición de potencia económica y social de Venezuela en este escenario, nos tienen que obligar a una diplomacia y a un comportamiento que prosiga, amplíe y retome otra vez la normalización del diálogo diplomático con Venezuela y su Gobierno democrático, para que esto se pueda llevar hacia delante. Por lo tanto, que no vuelva a haber una precipitación o una escenificación inadecuada. Se lo digo cordialmente, por su tranquilidad. No vuelva usted por un asunto de este tipo, pero no vuelva tampoco por una escandalera o una bronca, porque llevamos tiempo echando en falta en el Parlamento el sosiego de las personas centristas en el tratamiento de cualquiera de las medidas que se tengan que tomar.

Mi postura, dentro de un ambiente de reflexión y responsabilidad, es que si hay un problema no se debe agravar ni llevar a enfrentamiento o irritación. Yo acepto sus excusas por sus desafortunadas declaraciones, pues ha sido un error de grueso diplomático, y espero que esto se pueda corregir. Me parece que usted ya ha ofertado la penitencia de la enmienda. Si ha aceptado plenamente le pecado del error, tiene que aceptar la penitencia parlamentaria, en la que yo no quiero poner ninguna nota disidente, sino refugiarme en la prudencia y en la cordialidad, para que, en una sociedad democrática, se respete la preeminencia de las salas del Parlamento para traer las informaciones conflictivas.

El señor PRESIDENTE: Por el Grupo Parlamentario de Izquierda Verde-Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds, tiene la palabra el señor Llamazares.

El señor LLAMAZARES TRIGO: Gracias por su comparecencia, señor ministro de Exteriores. Gracias por comparecer ante esta comisión. Gracias porque resplandezca la verdad que, aunque probablemente tenía que haber resplandecido mucho antes, está bien que resplandezca, aunque sea tarde. Y gracias por el talante autocrítico, es decir, por las disculpas que ha trasladado a esta comisión y a la sociedad española por la forma en que pudo decirse esa declaración.

En todo caso, a mi grupo parlamentario le resulta muy llamativo que en un ejercicio de hipocresía política por parte de Partido Popular, hoy tengan que dar cuenta los mensajeros y, sin embargo, no hayan dado ninguna cuenta los causantes de este embrollo. Es decir, que en este país hay que dar cuenta por decir la verdad y los que han mentido, precisamente, piden cuenta a quien dice la verdad. (Aplausos.) Porque han mentido, señor ministro de Exteriores, han mentido, mintieron a la sociedad española en torno al golpe. El ex presidente del Gobierno y el ministro de Exteriores mintieron a esta Cámara y hoy siguen mintiendo (Un señor diputado: Tú, sobre todo, tú), buscando que los que decimos la verdad, tengamos que pedir disculpas. No vamos a pedir disculpas, señores del Partido Popular. (Rumores.) Además de ser un monumento a la hipocresía política, hoy estamos aquí -señor ministro, no se apure- por otra cosa y no por lo que usted ha dicho. Estamos aquí como parte de una estrategia de desestabilización, iniciada por el Partido Popular en este país. (Rumores.-Protestas.) Sin lugar a dudas, como el Partido Popular no obtiene su legitimidad democrática de las elecciones y del apoyo ciudadano, sino que la obtiene de las elecciones en Norteamérica (Un señor diputado: En Cuba.), y como recientemente ha tenido nuevos vientos en sus velas, para impulsar su política de oposición, ha concluido que el resultado electoral del señor Bush y la reunión entre Bush y Aznar legitiman a ese partido, no para hacer oposición democrática, sino para hacer desestabilización política, que es lo que hemos visto, lo que estamos viendo en esta Cámara, ( Un señor diputado: ¡Qué socio tienes, Morantinos) lo que vemos en el Poder Judicial y lo que veremos, seguramente, por parte del Partido Popular. Esa es la situación ante la que estamos, y de esa misma situación forma parte la deslegitimación del resultado electoral. (Rumores.) Los hay que quieren cuestionar continuamente el resultado electoral de estas elecciones. Es natural, nosotros recibimos la legitimidad de las elecciones en España (Un señor diputado: Sobre todo tú) y ustedes reciben la legitimidad de las elecciones en Norteamérica y creen que la victoria de Bush es la victoria de sus posiciones, que les permite deslegitimar la nueva política exterior del Gobierno. En ese sentido, yo quiero saludar aquí la nueva política exterior del Gobierno y los resultados de la misma, porque hace muy poco tiempo no era el tema de Venezuela, era el tema de Cuba. (Rumores.) Pues bien?

El señor PRESIDENTE: Señor Llamazares.

Por favor, les ruego silencio y que se escuche con respeto. Los grupos tendrán tiempo suficiente después para discrepar de las posiciones de cualquier otro de los compañeros que exponga sus tesis.

Señor Llamazares, tiene la palabra.

El señor LLAMAZARES TRIGO: Decía que, hace poco, hemos tenido la experiencia de Cuba y, ahora, estamos en el tema de Venezuela. Se trata de dinamitar el cambio en la política exterior en este país. Por lo tanto, no se apure, señor ministro, porque hubieran buscado cualquier otra razón para cuestionar su presencia y su eficacia en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Pero, en estos momentos, yo tengo que reconocer -como grupo parlamentario que ha apoyado esta política- el éxito de la política exterior en Latinoamérica y, en concreto, el éxito de la política exterior para Cuba. La política de diálogo es una política que da resultados, y da resultados positivos para el pueblo cubano y para el pueblo español, señor ministro. Quería reconocer eso, en primer lugar, y que lo que hoy estamos haciendo aquí forma parte de una estrategia de desestabilización. (Rumores.) Qué tiempos estos, en los que lo que es evidente, necesita ser explicado y vuelto a explicar, porque, además de hipocresía política, esta petición de comparecencia y esta exigencia de responsabilidad es un monumento al cinismo político. Por parte de quienes tuvieron responsabilidad en lo que ocurrió en Venezuela, se pide responsabilidades al ministro de Asuntos Exteriores actual. No, señorías del Partido Popular; se deberían pedir responsabilidades al entonces ministro de Exteriores, señor Piqué, y a los responsables políticos del Partido Popular, que cometieron tamaño desaguisado, porque no es cualquier cosa formar parte de una estrategia golpista, no es cualquier cosa, señorías. De eso estamos hablando: de una estrategia golpista de libro. Se parece a la estrategia golpista de Chile. En primer lugar, por la desestabilización económica. En segundo lugar, por la desestabilización política y de intervención de las Fuerzas Armadas. Y, en tercer lugar, por la legitimación, a través de mecanismos interpuestos de carácter constitucional. A eso nos hemos enfrentado en el caso de Venezuela y el Gobierno español que, lejos de enfrentarse, lejos de descalificar, lejos de condenar ese ataque a la democracia, se sumó al ataque a la democracia. He de decir también, señorías, que hubo miembros de otros partidos políticos que también respaldaron ese ataque a la democracia. A veces las fobias, nos llevan a confundir los principios, señorías. Los principios son los principios, y los principios democráticos no permiten que nuestras fobias legitimen ningún tipo de punch, ningún tipo de golpe. En este caso, señorías, eso es lo que nos encontramos en Venezuela: un golpe de libro, en el que todavía tendremos que esperar a la desclasificación de los documentos de la CIA, porque hay personas en Estados Unidos que dicen que en esa desclasificación aparecen los gobiernos que intervinieron, no solamente después del golpe, sino antes. Yo les espero en esa desclasificación de los documentos de agencia de inteligencia norteamericana. Pero, en todo caso, lo que parece claro, y es evidente en las declaraciones del señor ministro, es que nuestro Gobierno no condenó el golpe y además contribuyó, junto con el Gobierno norteamericano, a buscar una legitimación democrática y pública de un golpe ilegal. Eso es lo que hizo el Gobierno español. Y se han referido aquí distintos acontecimientos, que muestran esa connivencia del Gobierno español con el golpe.

Me parece realmente curioso -usted habla del embajador español-, las notas del embajador español me recuerdan más a las informaciones del CSID que a las informaciones de un embajador. Son de tal detalle y además suponen un conocimiento tan apurado del asunto, que da la impresión de que estamos ante un informe de inteligencia que se hace de forma continuada, ante una nota del CSID que se hace de forma continuada en torno a la estrategia del golpe de Estado. Pero me voy a quedar únicamente en lo que es el golpe y, a posteriori del golpe, la actitud del entonces Gobierno español. Parece que es evidente que el entonces Gobierno español dio instrucciones a su embajador y que su embajador participó directamente en la presencia pública del golpe y el intento de legitimación constitucional de ese golpe. Usted ha hablado de algunos acontecimientos que ocurrieron y yo creo que son conocidos. En la pregunta parlamentaria que le hice al presidente Aznar también eran conocidos y el presidente Aznar me recordó uno más que yo no conocía. Yo le dije que él había llamado al señor Carmona y él me dijo que no, que él había recibido la llamada del señor Carmona, es decir, que le había levantado el teléfono a un golpista. Creo que esto es muy representativo ya de la actitud inequívocamente democrática de un presidente del Gobierno, el que levante el teléfono a un golpista cuando está detenido el presidente legítimo de ese país y cuando está en cuestión a nivel internacional la posición política de los golpistas; creo que eso es muy representativo. Pero, con carácter previo, por una parte nuestro Gobierno entró en una declaración sin precedentes; no tiene precedentes una declaración con el Gobierno norteamericano precedida de un comunicado del Departamento de Estado que hace referencia únicamente a las víctimas, imputándoselas al Gobierno Chávez. Hemos visto después que eso no es así. Pero, inmediatamente del comunicado del Departamento de Estado, inmediatamente después, se produce, parece que a instancias del Gobierno español, una declaración conjunta entre el Gobierno español y el Gobierno norteamericano y posteriormente una declaración de la Unión Europea, que no condena el golpe, que no pide la liberación del presidente detenido y que, sin embargo, viene a plantear la consolidación democrática, la consolidación normalizada del golpe militar. Creo que eso es muy representativo y es muy representativo también el papel de nuestro embajador, no sólo como informador al Gobierno español de forma muy pormenorizada de la estrategia del golpe, sino el papel ante el presidente ilegal, ante el señor Carmona, primero visitando al señor Carmona y además planteándole únicamente los problemas que podría traer el que se excediera en el golpe cívico militar saltándose a la torera la Asamblea, el Tribunal de Justicia, la Comisión electoral?Eso es, en mi opinión muy llamativo, pero usted no ha dicho en esta Cámara algo que me parece que es verdad -yo, al menos, lo tengo-, no sé si es así, pero creo que sí porque hay imágenes en los medios de comunicación y es el aplauso de nuestro embajador, junto con el embajador norteamericano en la toma de posesión del golpista. Refiero: A las 17,25 horas, en el salón Ayacucho del palacio Miraflores, los dos embajadores participan en la proclamación del golpista, Pedro Carmona, como presidente de la República de Venezuela. En este acto, el procurador general designado por Carmona, Daniel Romero, leyó el decreto de constitución del Gobierno, de disolución de la Asamblea Nacional y la destitución de los magistrados del Tribunal Supremo, del Fiscal, del Controlador general, del Defensor del Pueblo y de los miembros del Consejo Nacional Electoral. Eso es lo que hicieron. Esta disposición fue firmada, entre otros estamentos, por el cardenal José Ignacio Velazco, el primer vicepresidente de la gran patronal, Fedecámaras, por la banca, Ignacio Salvatierra, etcétera. Con su presencia y anuencia el embajador Biturro avaló la supuesta legalidad del golpe de Estado. Estaba allí, tal y como atestiguan las imágenes emitidas por televisión y grabadas en vídeo, Manuel Biturro, junto a decenas de representantes de otros estamentos, aplaudiendo el juramento de Pedro Carmona. Señorías, si esto no es apoyar el golpe, que venga Dios y lo vea.

En definitiva, señor ministro de Exteriores, quiero agradecerle en nombre de mi grupo, en primer lugar, hacer honor a la verdad, haber explicado ante esta Cámara la verdad de los hechos, aunque creo que quedan más cosas para saber toda la verdad, como diría el señor Aznar, quedan muchas cosas más que investigar para saber toda la verdad. (Risas.) Le agradezco también su autocrítica porque a veces los lugares y momentos donde se dicen las cosas no son los más apropiados, pero eso no quita que quien tenga que pedir disculpas ante los demócratas y ante esta Cámara sean los dirigentes del Partido Popular que fueron conniventes con un golpe contra la democracia. Esos son los que tienen que explicarse ante esta Cámara y ante la ciudadanía. Por último, no se inquiete, señor ministro, esto va a continuar. La estrategia de desestabilización va a continuar porque piensan que desestabilizando van a un período corto de esta legislatura y yo espero que entre todos frustremos esa intención desestabilizadora y que demos garantías del cambio que quiere nuestro país, en concreto en la política exterior; un cambio de política exterior que se ha demostrado eficaz también en relación con las relaciones con Cuba.

Muchas gracias, señor ministro. (Aplausos.)

El señor PRESIDENTE: Por el Grupo Parlamentario Vasco (EAJ-PNV) tiene la palabra el señor Josu Erokoreka.

El señor ERKOREKA GERVASIO: Gracias, señor ministro por su comparecencia y por la información que nos ha dado en relación con este turbio asunto.

La mayoría de los grupos parlamentarios -ya veo que no todos- no teníamos sobre este asunto más información que la que podíamos haber conseguido a través de los medios de comunicación, concebidos en sentido amplio, que no es poca hoy en día, pero que no permite hasta el momento presente acceder a la información que realmente permite conocer de verdad las claves de lo que se coció en este asunto. Aunque suponga hacer referencia a una cuestión que sólo tangencialmente tiene que ver con lo que aquí nos ocupa, quisiera comenzar mi intervención expresando que el grupo parlamentario al que pertenezco no siente ninguna simpatía por los militares metidos a estadistas, nunca la ha tenido ni la tiene tampoco ahora y mucho menos si han accedido al poder, como alguien ha expresado gráficamente -sólo quisiera coincidir en esto con él-, si han accedido al poder gracias al uso de las botas, como atributo representativo de lo castrense, y no gracias a los votos. Poco importa a este respecto que pretendan revestir sus aspiraciones de un ropaje cívico militar y quitarle énfasis a las botas para pretender acentuar los aspectos más legitimables desde el punto de vista democrático constitucional. No siente simpatía mi grupo parlamentario por ese tipo de gobernantes por dos razones: por razones de principio, por convicciones democráticas y, además, por una razón práctica muy evidente y es que siempre a mi grupo parlamentario y a la formación política que le sustenta le ha ido muy mal con este tipo de gobernantes. El presidente Hugo Chávez no es en esto una excepción. El coronel Chávez accedió al poder el año 1992 gracias a un golpe de Estado que dirigió contra un Gobierno socialdemócrata, contra Carlos Andrés Pérez. Es cierto que el sistema político venezolano se desmoronaba víctima entre otras cosas de la corrupción y de la desarticulación entre los partidos políticos. Pero Carlos Andrés Pérez, aunque fuera un mal presidente, era un presidente elegido democráticamente y lo lógico hubiese sido que su destitución hubiese tenido lugar de la misma manera, a través de un cauce democrático, que el relevo de Carlos Andrés Pérez en el poder hubiese tenido lugar no a través de los procedimientos por los que tuvo lugar, sino a través de un cauce estrictamente democrático. Creo que el deterioro de la situación económica, de la situación política -que eran y siguen siendo todavía evidentes en Venezuela- no justificaban el golpe militar como tampoco idénticas razones justificaron, por poner un ejemplo próximo a nosotros, el golpe militar que tuvo lugar en el año 1936 en este mismo país. Como siempre ocurre en este caso -y voy a la razón práctica que hace que mi grupo no simpatice con este tipo de situaciones-, también en aquella ocasión, en el año 1992, salimos malparados.

Esta sesión monográfica para analizar el papel del Gobierno del señor Aznar y del señor Piqué al frente del Ministerio de Exteriores llega quasi con 20 meses de retraso. Hubiera sido lógico que bajo el mandato del Partido Popular y de su equipo de Exteriores, con el señor Piqué a la cabeza, se hubiera celebrado una sesión como esta para explicar qué hizo, qué decisiones tomó, qué actitud tomó el Gobierno español, que no sólo estaba al frente del Gobierno de España, sino también al frente de la Presidencia de turno de la Unión Europea. Esta comisión monográfica no tuvo lugar. Se negaron las peticiones de diferentes grupos de la oposición para que se aclararan las posturas, las acciones y la toma de decisiones por parte del Gobierno de antaño. No fue así y hoy nos encontramos en esta Comisión, fruto de un desliz -así lo ha asumido el ministro de Exteriores- en un programa, 59 segundos, al que estamos haciendo una importante propaganda -es una televisión pública y podemos-; un programa en el que, a diferencia de algunos programas o entrevistas del anterior Gobierno, hay preguntas, hay acecho y hay debate. Seguramente esta situación no se hubiera producido en otro Gobierno y en otra televisión, básicamente porque las entrevistas eran a la carta: cómo nos gustamos, qué bien lo hacemos. No fue así, fue un debate en un programa que precisamente no destaca por las entrevistas a la carta. El ministro tuvo un desliz y así lo ha asumido. Nuestro grupo acepta las disculpas del ministro. Todos nos podemos equivocar, como ya han dicho otros grupos que me han precedido. Estamos ante una oportunidad para que se aclare cuál fue la actitud de un Gobierno, el Gobierno del Partido Popular, ante unos lamentables hechos y una lamentable experiencia en política internacional.

Pero esto no es una novedad. En estos debates, en estos razonamientos, en esta toma de decisiones unilateral, en esta impunidad legítima que daba la mayoría absoluta en política exterior, el apoyo al golpe de Estado en Venezuela no fue un hecho aislado. Hubo situaciones como las mentiras sobre las armas de destrucción masiva en Irak, que propiciaron el desastre al que estamos asistiendo en estos momentos, y situaciones incluso un poco grotescas, que ponían en peligro una zona de especial sensibilidad geoestratégica, como el Mediterráneo y el Magreb, como fue la aventura de la isla de Perejil. Nosotros consideramos que la política exterior del anterior Gobierno no era precisamente una política de diálogo, una política de consenso, una política para mejorar las condiciones de los escenarios internacionales. Hoy estamos aquí porque en su momento, en un programa de televisión, se acusó al Gobierno del Partido Popular de dar apoyo a un golpe de Estado. Nuestra pregunta es si realmente hubo un apoyo del Gobierno español al golpe de Estado que sufrió el Gobierno legítimo de Venezuela. Nosotros consideramos que sí, a tenor de lo que hemos escuchado hoy de la intervención del señor ministro sobre la base de la documentación que nos ha ofrecido. Un golpe de Estado se puede apoyar de muchas maneras. Nunca sabremos -o a lo mejor sí, si hay una descatalogación de los documentos del Gobierno americano, de su Departamento de Estado o de su servicio de inteligencia-, si hubo una intervención directa de los servicios exteriores o de la inteligencia del Gobierno español. Ahora no lo sabemos. No creo que el señor Moragas o el señor Arístegui, los responsables de política exterior del Partido Popular, nos aclaren este hecho, no lo creo, pero lo que sí sabemos es que un golpe de Estado se puede apoyar de diferentes maneras. Puede haber un apoyo a la desestabilización social y económica de un país. Chile fue un ejemplo y está escrito. La famosa descatalogación de documentos del servicio de inteligencia americano dio ejemplos de cómo se desestabilizó y cómo se contribuyó a una política clara de cercenar los fundamentos de un Gobierno legítimo como era el del señor Allende, con desestabilización económica y social. Esta es una forma de colaborar en un golpe de Estado. Hasta aquí no hemos llegado. Esto no ha quedado demostrado, por lo cual parece que el Gobierno anterior no participó en esta dinámica en el golpe de Estado. Pero hay otra forma de participar en un golpe de Estado que es muy importante. El régimen franquista es un buen ejemplo de cómo se puede legitimar un Gobierno golpista desde el interior, cómo se le puede dar oxígeno internacional desde las instituciones, cómo se le puede reconocer, cómo se le puede lavar la cara. De esta manera, por lo que hemos oído y lo que hemos leído estos días, incluso por lo que parecía hace 20 meses, curiosamente, el Gobierno español sí que participó de forma descarada en la legitimación de un Gobierno que llevó a cabo un golpe de Estado. No nos vale la sutileza de buscar el econograma de la situación, de si el golpe de Estado era declarado o no. La correspondencia diplomática entre el Gobierno español y sus embajadores es taxativa. De lo que ha dicho el señor ministro incluso se trasluce el intento de mejorar técnicamente el golpe de Estado: ustedes no desmonten la Asamblea porque a partir de aquí se visualiza lo que en todo momento parecía desde fuera. Hubo un apoyo a la legitimación internacional de este golpe. Cuando hay un golpe de este tipo -la historia nos lo demuestra-, el apoyo internacional es así. Incluso el Gobierno español fue más allá que el propio Gobierno americano, que en su momento, cuando vio el decretazo contra la Asamblea venezolana, rectificó y se dio cuenta de hasta qué punto estaba llegando, no así el Gobierno español. El Gobierno español tardó mucho más. El Gobierno español recurrió a diferentes organismos internacionales para legitimar el golpe y se le fueron cerrando las puertas. No fue así. Creemos que queda demostrado que este Gobierno, como mínimo, jugó a la legitimación de este golpe. Ya sabemos que el Gobierno anterior no podrá responder, no está aquí, por eso digo que esta Comisión llega con 20 meses de retraso.

También es el momento de analizar por qué se llegó a esta legitimación. Hasta ahora no sabemos si había intereses económicos privados o públicos, no sabemos que geoestrategia aplicaba el servicio exterior o la inteligencia para apoyar y legitimar este golpe, lo que sí sabemos es que sobre todo en los últimos cuatro años ha habido un seguidismo de la política norteamericana en la política exterior. Este seguidismo ha llevado a situaciones a veces ridículas, que no se podían explicar; no se podían dar argumentos del porqué de esta política exterior. Una política que es lícita; una política -la del Partido Popular- basada en un seguidismo acrítico, pero que es lícita. Nosotros no la compartimos, pero consideramos que es su forma lícita de hacer política internacional. Sin embargo, consideramos que en este desgraciado suceso el Gobierno anterior jugó con fuego, jugó con la política internacional, jugó con la desestabilización de un país, coadyuvo a lo que podía haber sido una guerra civil en Venezuela. No fue así, pero el Gobierno anterior cometió una grave irresponsabilidad.

Como ya se ha dicho aquí, la estrategia del Partido Popular es también la de cercenar la política exterior del actual Gobierno. Vamos a ver ejemplos de doble rasero por parte del Partido Popular. Nadie puede entender cómo un ex presidente, el señor Aznar, visitó al reelegido presidente de los Estados Unidos, el señor Bush, sin consultar con el actual Gobierno y con el actual equipo de Exteriores y no pasó nada. ¿Se acuerdan ustedes de cuando don Felipe González pasó dos días en Marruecos y se le acusó desde el frente mediático del Partido Popular de haberse reunido con los dirigentes del Gobierno marroquí sin las consultas previas al Gobierno español? Ríos de tinta. Este es el doble rasero. Desde el Grupo Popular se intenta deslegitimar permanentemente un cambio de política exterior. He dicho que no compartíamos la política del Partido Popular, pero que era legítima; hay que entender también que la política exterior del nuevo Gobierno es legítima aunque no se comparta.

Nuestro grupo comparte también lo que ha dicho el Grupo Vasco. No nos gustan los militares metidos en política, pero es evidente que este Gobierno de Venezuela ganó unas elecciones y ha superado un referéndum con el beneplácito y el visto bueno de organismos y observadores internacionales. A partir de aquí, creo que este es un Gobierno que merece todo el respeto. Ya lo merecía en su momento, porque ganó unas elecciones con el visto bueno de organismos internacionales.

Para acabar, queremos dar las gracias al señor ministro por su comparecencia y por su información. Estaremos a su lado cuando la política exterior se base en el diálogo y en la cooperación y trate de llevar la democracia, el bienestar y la justicia donde haga falta, a Venezuela, a Cuba o a Irak, pero no a base de seguidismo acrítico, ni a base de intereses muchas veces opacos. Creemos que esta política de diálogo y de cooperación -hemos tenido el ejemplo de las gestiones que han hecho en Cuba por parte del Gobierno, con el resultado de la excarcelación de un alto dirigente de la disidencia cubana- es el mejor camino para llevar la democracia y el bienestar a todos los países. Queremos agradecer especialmente su presencia, señor ministro. Nos tendrá a su lado cuando la política exterior se base -repito- en el diálogo y la cooperación para estabilizar y llevar la democracia y la justicia a todos los países del mundo.

El señor PRESIDENTE: Por el Grupo Parlamentario Catalán (Convergència i Unió), tiene la palabra el señor Xuclà.

El señor XUCLÀ I COSTA: Muchas gracias, señor ministro, por esta comparecencia -quiero subrayar que a petición propia- en la Comisión de Asuntos Exteriores para exponer y para desarrollar su argumentación, sin duda insuficiente, el día 22 de este mes.

El grupo parlamentario de Convergència i Unió se presentó a las últimas elecciones generales con un eslogan que estaba muy lejos de los eslóganes de la confrontación que se respiraba desde principios de año en el debate político del momento, un eslogan electoral que era Sentido común.

Yo desearía hoy aportar algunos elementos fundados en el sentido común respecto al episodio y a los hechos que han provocado la convocatoria de esta Comisión de Asuntos Exteriores. Un poquito de sentido común en medio de una actitud, de una situación de bastante maniqueísmo en el debate de la política exterior española y de bastante caricatura también en el debate de la política exterior española.

El motivo de su comparecencia ante esta Comisión es una brevísima frase pronunciada en un programa de televisión el día 22 de noviembre. Concretamente, creo que el epicentro de que usted comparezca ante esta Comisión es la siguiente frase: El embajador español recibió instrucciones de apoyar al golpe. Esta simple frase. Y a esta frase se le suma también algunos datos que usted ha aportado hoy, en los cuales fundamenta otra frase que ha expresado hoy, en la que decía que España participó en la articulación del reconocimiento internacional del Gobierno golpista. La frase del programa 59 segundos es una frase tan breve que puede inducir a la relación causal entre el golpe de Estado de los días 12, 13 y la salida del día 14 de abril y la posición del Gobierno español.

Yo le hablaré poco de Venezuela, y le aseguro que previamente a esta intervención he hecho una inmersión profunda en los días del golpe de Estado, en los días anteriores y en la situación política de Venezuela en aquellos momentos y ahora; pero creo que el que hoy usted esté aquí y que merezca algunas consideraciones de carácter político por parte de los distintos portavoces es porque usted se equivocó. Usted se equivocó desde un punto de vista formal y a veces, señor ministro, la forma termina invalidando también el contenido, la forma termina invalidando el fondo. Creo que le honra su reconocimiento de que se ha equivocado. Evidentemente, este grupo parlamentario acepta la presentación de sus excusas ante esta Comisión y valora muy positivamente la expresión del reconocimiento de su error, pero usted se equivocó en la forma y quizás también en el fondo.

Como muy bien sabe, en derecho civil, en derecho constitucional hay una distinción, también de sentido común, la distinción entre la responsabilidad ex post o ex ante. Y con esta breve frase, el embajador recibió instrucciones de apoyar al golpe, usted, en un programa de televisión, no deja claro si este apoyo, esta ambivalencia, es una ambivalencia ex post o ex ante. De tal forma que hay motivos, sin duda, para inducir a algún grupo parlamentario -sólo con esta frase, no con las explicaciones completísimas que usted nos ha dado- a la irritación y a la crispación política que hemos vivido esta última semana. Entrando más en el fondo de sus explicaciones, es evidente que hubo una situación de ambivalencia en la cronología de las horas y de los días que transcurren entre los días 11 y 12 de abril del año 2002. Corresponde a esta Comisión de Asuntos Exteriores valorar estos días, corresponderá a los investigadores, corresponderá a los historiadores, corresponderá, si usted quiere, convocar un simposium sobre nuestra opinión ante estos hechos, pero la escueta afirmación de esta frase ha inducido, en la política española durante una semana, a un ambiente de una cierta crispación.

Usted, ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno de España, no puede e